Molinos de molienda y cama

La vida en el molino tiene otro ritmo. Piedra, madera y agua son casi siempre los elementos que mueven la historia de unos edificios donde la historia ha dejado paso a la comodidad. El nuevo turismo pone el resto.

1.- MOLINO DE ALCUNEZA. GUADALAJARA 
Ctra. de Alboreca, km.5. Guadalajara. Tlf. 949. 39 15 01.

Mucho y bueno ofrece esta posada al caminante que acude por estas tierras de Guadalajara. Juan y su mujer sabían lo que necesitan los visitantes que acuden a su casa. Ahora, Samuel y Blanca, mantienen y mejoran el trabajo de sus padres que fueron pioneros en eso del Turismo Rural.

Su vinculación al comercio tradicional les permite complacer a sus clientes con hospitalidad tranquila, pero sin tonterías ni falso peloteo. La calidad se nota y se disfruta en esos pequeños detalles que aportan bienestar al cliente.

Una vez allí se puede disfrutar de sus 17 habitaciones, de su chimenea o muchas comodidades que hablan de otra manera de entender el lujo. El verdadero valor de la casa está en su molino harinero del siglo XV, que ha sido recuperado, como si las mulas y carros siguieran llevando el grano a moler.

La ubicación no puede ser mejor, porque está al lado de Sigüenza, y el Doncel siempre deja su impronta. Aunque lo que muchos clientes valoran son las creaciones de Samuel en la cocina, que demuestra como la creatividad tiene buen maridaje con la sencillez. Un buen escondite que algunos afortunados hace años que disfrutamos.

2.- MOLINO DE LA FERRERÍA
Cmno. del Molino, s/n. Villacorta. Segovia.
Tlf: 921 125 572 / 73. info1@molinodelaferreria.es

Hasta hace unas décadas, la Ferrería era sólo un molino harinero junto al río Vadillo, entre robles y cantos de pájaros, en la Sierra de Ayllón. Hoy es un hotel rural, pero el entorno y el ambiente de tranquilidad se han conservado casi intactos. En este molino segoviano, Alejandro Mújica y Mónica Otero decidieron instalarse tras dejar sus trabajos en Madrid y el éxito les ha acompañado. Buena parte se debe a una sabia rehabilitación que ha conservado todo el atractivo del ambiente original. No era sólo un delicado refugio rural con sobrada elegancia. El buen trato al huésped ha hecho el resto.

Las transparentes aguas del río Vadillo, que nace sólo unos kilómetros más arriba, dan la bienvenida al viajero. En la entrada a la finca nos reciben pilas de mármol, rodeznos de un viejo molino y antiguas gamillas de madera para alimentar el ganado. En el interior nos aguarda un enorme y luminoso salón, que conserva la antigua maquinaria del molino, mesas de juego, zonas de tertulia y lectura, además de una chimenea y un gran ventanal. Sentados tranquilamente frente a la ventana, las horas pueden pasar rápidas, contemplando el jardín exterior y el magnífico bosque que rodea a la casa con fresnos, avellanos, sauces, arraclanes y majuelos.

Los gruesos muros de piedra, originales de la edificación, y la estructura de madera del interior, casan a la perfección con las antigüedades. Todo tiene cierto aire industrial, sumamente agradable. En cada una de las doce habitaciones del molino no faltan ninguno de los adelantos técnicos de nuestra época, aunque aquí tampoco es que se necesiten mucho.

3.- MOLINO DE LOS GAMUSINOS
Tolbaños. Ávila. Tlf: 920 227 714.

El placer de la sencillez. Durante años Brieva aparecía en los periódicos porque Roldan estaba preso en la cárcel de mujeres. Luego vino la autopista, las pintadas para la defensa del río Voltoya y la recuperación de las encinas. Muchos preguntaban dónde estaba ese río Voltoya, tan discreto que casi no aparecía en los mapas.

Pero los que viven en la zona saben que sus aguas son todavía una excusa para ese baño furtivo de verano, casi infantil. Una especie de vuelta al mito del buen salvaje. Sus sauces, sus encinas y ese molino casi olvidado que aprovecha un desnivel del cauce del río. En ese escondite está el Molino de los Gamusinos. Como una broma más de la verdadera vida rural, con los restos de costales de harina, con sabor a días de trilla y “caravanas” de caballerías que todavía se ataban a las anillas de la puerta. David ha heredado el espíritu de Javier, su padre y mantiene vivo el pequeño hotel que fue pionero en el turismo rural de la zona.

El jardín que sirve de pórtico de entrada a la casa habla de lo duros que son los inviernos en estas tierras, pero, a la vez, nos invita a atravesar la puerta y a resguardarnos en su interior al amparo de la chimenea. El salón donde prenden las llamas que hacen más llevaderos los inviernos es uno de los lugares más atractivos de este antiguo molino. A la hora de dormir, la oferta se reduce a tres habitaciones. Distribuidas entre dos plantas, tienen nombres tan evocadores como ‘Verano’, ‘Invierno’ y ‘Primavera’, con una decoración propia y muy cuidada. Sencillas, pero cómodas.

4.- FINCA GALEA. LUGO
Castro de Oro. Alfoz. Lugo. Tlf: 982 558 323

Este Pazo del siglo XIX se confunde en la naturaleza perfectamente, entre el agua que corre libremente, los pinos, los helechos y la multitud de acequias que fluyen con un agradable sonido.

La espectacular casa solariega cuenta con una capilla de piedra aneja y un antiguo molino Se compone de 5 habitaciones dobles dirigidas con orden y concierto por Maricarmen. De entre las actividades aconsejables recomendamos: Visita a la fábrica de cerámica de Sargadelos o a la ría de Viveiro.