The blue train

Las grandes celebridades y los afortunados viajeros que han subido en alguna ocasión a bordo del Blue Train coinciden en que es probablemente el mejor tren del mundo, más lujoso y refinado incluso que el mítico Orient Express. Actrices como Mia Farrow, modelos como Naomi Campbell, nobles y millonarios como Imran y Yasmina Khan y numerosos jefes de Estado, figuran en la lista habitual de pasajeros de este increíble tren de lujo que enlaza Ciudad del Cabo, en la costa sudoccidental de Suráfrica, o con las Cataratas Victoria, uno de los más atractivos espectáculos de la naturaleza africana que sirve como frontera entre Zimbabwe y Zambia.

 

Nuestros recorridos del Blue Train tienen ya más de un siglo, pero en los últimos años se han realizado inversiones multimillonarias que han transformado este ferrocarril centenario en un moderno y fantástico tren de línea aerodinámica y en una experiencia fuera de serie que recientemente ha recibido el premio World Travel al mejor tren del mundo.

The Blue Train tiene básicamente dos itinerarios: uno desde Ciudad de El Cabo hasta Johannesburgo – Pretoria y otro desde este punto hacia el norte, hasta Francistown. Además ofrece otros itinerarios que van por ejemplo desde Pretoria al famoso Parque Nacional Kruger, pasando por el Olifants Valley o trayectos a lo largo de la Ruta Jardín con escapadas a la línea de costa entre Ciudad de El Cabo y Port Elizabeth.

Los recorridos son impresionantes, tanto por su paisaje como por su interés cultural, pero a pesar de todo, el escenario exterior es lo que menos importa en este Tren al que los pasajeros suben sobre todo para vivir un estilo de vida de distinto. Muchas veces la diferencia esta en el estilo, no en el destino. Los datos hablan por sí solos: en cada vagón se han invertido varios millones de dólares.

Nada más subir a uno de los coches, se nota una ambientación diferente. El servicio y las instalaciones superan a las de un hotel de cinco estrellas y cada camarote – suite, está diseñado para conseguir el máximo espacio posible, con baño privado de mármol, grifería chapada en oro de 24 kilates, zapatillas y albornoces para cada pasajero, una exquisita decoración en marquetería, aire acondicionado, teléfono, servicio de mayordomo y por supuesto pensión completa de auténtico lujo durante todo el trayecto.

El exterior del tren luce una elegante librea azul y crema que destaca en cualquier estación. Pero además, a bordo, todo es comodidad y sofisticación, desde el desayuno con los mejores cafés y tés, pasando por la comida, que se acompaña con una excelente carta de vinos. La vida a bordo del tren es una sucesión de emociones, en los que no hay un momento para aburrirse. Una televisión, un vídeo, o WiFi no son necesarios; pero si detalles de agradecer.

El otro punto de calidad está en los otros pasajeros. El viaje y las miradas de complicidad ayudan a la conversación fácil, sin protocolos. No es difícil encontrar a esos personajes que salen en las revistas internacionales, jeques o algún que otro millonario británico que olvida su soledad en "dry-martinis".

En uno de sus compartimentos insonorizados se encuentra el comedor, especializado en productos regionales frescos, que son toda una tentación mientras en el exterior se deslizan ante nuestros ojos el paisaje de los fértiles viñedos de El Cabo, los valles entre sierras en los que se crían las famosas uvas blancas y tintas de Sudáfrica con las que luego se hace un vino cada vez más famoso en el resto del planeta. En otro de los compartimentos se encuentra el Observatorio, un vagón con grandes ventanales que permiten una vista panorámica.

El recorrido por Sudáfrica, desde el sudoeste hasta el noreste, es ya un clásico de las rutas turísticas por el país desde que en 1923 este tren comenzó a servir como expreso postal. Desde 1972 es un tren de lujo, formado por 17 coches. Se incluyen un coche-salón, un coche-cocina y un coche-restaurante.

Desde la salida en Ciudad El Cabo, quedan por delante más de 1600 kilómetros hasta llegar a Johannesburgo y Pretoria, a lo largo de un país singular y rico en contrastes como pocos. Los paisajes que nos esperan a lo largo del camino son tan diferentes como irreales. Desde el casi desconocido desierto del Karroo a los campos de las minas diamantíferas de Kimberley para terminar en ciudades cosmopolitas y emblemáticas como Johannesburgo o Gaborone.

El trayecto discurre en sus primeros tramos por el curso del río Hex gracias a una obra de ingeniería sorprendente teniendo en cuenta que fue construido en el siglo XIX. Más adelante, en el gran Karroo se aprecien los restos volcánicos y restos glaciares, interesantísimos para los
científicos. Y más hacia el norte, el tren se detendrá en lugares muy interesantes como Matjiesfontein, un poblado victoriano que se construyó como punto de descanso para los pasajeros de este tren a finales del siglo pasado, un rincón del desierto donde uno tiene la sensación de estar en Inglaterra: autobuses rojos de dos pisos, farolas victorianas, una bandera de la Union Jack.

En esta parada del ferrocarril hicieron noche personajes como Churchill o como el sultán de Zanzíbar. Y allí, a las afueras de la ciudad es donde comienza el Gran Karroo. Cuando se hace de noche mientras el tren se adentra bajo el negro cielo del desierto. La luna ilumina el paso del Blue Train y en el vagón restaurante brillan las buenas cristalerías y los cubiertos de plata de la elegante cena. En los últimos tramos del trayecto en Suráfrica, el Tren recorrerá las zonas industriales y financieras del país para concluir, por supuesto, en Johannesburgo y en la cercana Pretoria, capital administrativa de Sudáfrica, con sus calles pobladas de jacarandas.

Incluso podemos conseguir alguna ampliación por el territorio de Zimbabwe, el tren recorre la región de Matabeleland, corazón histórico de la vieja Rhodesia colonial. En Victoria Falls, los pasajeros más intrépidos pueden proseguir la aventura haciendo rafting o puenting en el Zambezee o contemplando desde el aire, en avioneta, el magnífico espectáculo de las cataratas Victoria envueltas en una atronadora nube que los nativos llaman "el humo que truena". The Blue Train no es propiamente un recorrido, sino una experiencia de lujo y buen vivir.