Ruta del mazapán

Dice la leyenda que el mazapán fue un invento de los árabes toledanos en la Edad Media.  A lo mejor es verdad  porque cuenta la leyenda que durante el asedio de Toledo por Alfonso VI, la ciudad se quedó sin alimentos y los toledanos sitiados comenzaron a morir por hambre.

Unas moras descubrieron en un sótano unos sacos de almendra y de azúcar y se les ocurrió moler ambos productos y mezclarlos con un poco de agua. Con la masa hicieron una especie de bollos y los hornearon. Así es como la ciudad descubrió el mazapán. En realidad hay leyendas similares en muchos países árabes en los que existen dulces similares a base de azúcar y almendra, pero ninguno tan fino como el mazapán de Toledo.

Lo que los toledanos han hecho es convertir el mazapán en un dulce universal, sobre todo en Navidad, aunque antes también era el dulce típico de San Juan y de los Bautizos. Durante todo el año se puede comprar en muchas pastelerías de la capital, entre ellas algunas clásicas especializadas en tan dulce manjar como Casa Telesforo y Santo Tomé, ambas reposterías situadas en la Plaza de Zocodover, como Adolfo (Hombre de Palo 7) o los Mazapanes Conde, más escondida del circuito turístico, en la plaza de Valdecaleros, 6.

Y no hay que olvidarse de los conventos de religiosas que mantienen fielmente la mejor receta de los mazapanes árabes, como las Dominicas de Jesús María que lo elaboran y venden en su convento de la Avenida de Portugal.

Sin embargo, la verdadera industria del mazapán está a pocos kilómetros, en la capital del dulce navideño que es Sonseca, junto con su vecina Ajofrín, famosa por sus delicados melindres. Sonseca está 23 kilómetros en dirección sur, hacia los Montes de Toledo. Unos tres kilómetros antes, merece la pena pararse en Ajofrín para disfrutar de su mazapán y los melindres. Ajofrín es un pueblo histórico en el que se pueden contemplar la gran torre parroquial mudéjar, la plaza Mayor presidida por una fuente y una serie de casas señoriales de los siglos XV al XVIII, así como la casa fuerte llamada Cárcel Visigoda, en la calle Campoamor.

Sonseca, tres kilómetros más adelante es mucho más grande, un pueblo típicamente manchego, con una amplia plaza mayor de la que parten largas calles radiales, un templo gótico renacentista del que destaca su retablo mayor, el ayuntamiento del siglo XVII y algunas casonas señoriales. En las afueras del pueblo destacan varias ermitas y la torre Tolanca, una vieja atalaya.

A sólo cuatro kilómetros de Sonseca en dirección a Cuerva, está Mazarambroz una población de origen medieval del que se guardan muchos documentos mozárabes en la catedral de Toledo que hacen referencia al lugar, desde el siglo XII hasta el XIV. En la finca de La Alcantarilla se conserva una presa romana y en el pueblo queda una torre de vigilancia cuadrada de tres pisos, del siglo XIV que nos habla de su estratégica función.

 

Con el apetito bien abierto es hora de adentrarse en las pastelerías de Ajofrín o en las de Sonseca, donde se encuentran, las famosas fábricas de Delaviuda, Ctra. Madrid – Ciudad Real, Km 95,2.

 

Más al sur, prosigue la ruta de los buenos mazapanes toledanos, coincidiendo ya con otra ruta histórica: la de los castillos toledanos, que se continúa por Orgaz y Los Yébenes hacia el sur, para regresar por Consuegra. En Los Yebenes la Pastelería Pablo Bravo, Real de Arriba, 25, vende también deliciosos turrones y mazapanes artesanos igual que las pastelerías de Consuegra, como Peces y José Rodríguez, ambas junto a la plaza mayor, que venden mazapanes y ricas marquesas.