Historia Swatch

Todos sabemos lo que es un Swatch. Pocos relojes son tan sencillos pero a la vez tan únicos. Quién le iba a decir a sus creadores que un reloj de plástico revolucionaría la historia de los afamados relojes suizos, tan conocidos por sus engranajes perfectos, como por su maquinaria casi celestial. Lo que parecía ser un simple juguete llegó en un momento en el que la industria relojera en Suiza se estaba yendo a pique debido a la competencia japonesa.

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Los amantes de las marcas los estudian como un ejemplo de éxito. Corrían los años setenta cuando la relojería suiza se sumió en una profunda crisis. De tener el 50% de la cuota de mercado pasó a un desconcertante 15%. La industria asiática había llegado, y con ella, relojes de cuarzo, más baratos y que, además, funcionaban bien. En este escenario de incertidumbre aterriza Nicolas G. Hayek, que consiguió reflotar la relojería suiza creando un reloj poco deseado. Un juguete de plástico, delgado y sería la base de  un imperio.

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Este reloj rompió con todos los esquemas de la tradición relojera suiza, creando un reloj de gran calidad a un precio asequible. El reloj suizo dejó de ser un objeto de lujo para estar al acceso de todos, y los materiales más nobles se sustituyeron por el sencillo plástico. La clave, como siempre, es adaptarse a los nuevos tiempos. Todo el mundo ha aportado sus creatividades. Desde Pedro Almodovar, con su Dispate GZ 142, hasta Keith Haring, con su Serpent GZ102, han creado una marca que icónica.

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A lo largo de su historia son muchos los diseñadores que han aportado su visión y estilo creando su propio reloj Swatch. Nombres como Alessandro Mendini, Jeremy Scott o incluso el snowboarder Terje Haakonsen han ayudado a crear los relojes más alocados del mundo.

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El concepto está claro. Swatch se convertía en algo más a un objeto que hasta ahora sólo había servido para medir el tiempo. Sus múltiples diseños lo entendían como un accesorio más, el reloj pasó a ser un objeto de moda que se adaptaba al estilo de cada uno. Es por ello que se ha llegado a convertir en un objeto coleccionable y que incita al consumo, pues cada año se ponen a la venta nuevos modelos, como si se tratara una de las creaciones de un gran modisto.

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Recientemente Swatch ha presentado una colección de relojes elaborada con la leyenda del snowboard Jeremy Jones. Para quien no lo conozca, ha sido elegido diez veces Big Mountain Rider del año, nominado a aventurero del año por National Geographic y es el protagonista de la trilogía ‘Deeper, Further, Higher’. Este símbolo del deporte de aventura, a puesto nombre a una edición limitada de relojes de tan sólo 150 ejemplares, que se comercializará junto a su libro ‘Sin palabras para el descenso’. Se trata de un reloj de aventura clásico, con correa marrón de cuero, con función de cronógrafo y que brilla en la oscuridad.

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La marca no se ha quedado sólo en el diseño. También han innovado creando por ejemplo el Irony (el Swatch metálico), el Swatch Skin Chrono (el cronógrafo más fino del mundo) o el Swatch Snowpass (un reloj con control de acceso incorporado para entrar a pistas de esquí asociadas), que en Suiza, son bastante.

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Pero aún hay más y Swatch ha lanzado el reloj SISTEM51 que no es de cuarzo y no necesita pila. ¿Cómo funciona pues? Somos nosotros los que damos energía al reloj. Gracias a su mecanismo los movimientos de nuestra muñeca hacen mover un rotor que da cuerda al reloj. Y mientras está descansando en la mesilla sigue funcionando pues tiene una reserva de 90 horas. Está claro que Swatch es algo más que una marca y que tiene como objetivo seguir revolucionando por mucho tiempo la industria. Los suizos siempre serán los que más saben de relojes.

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Más información: Web oficial de Swatch

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