Señales fuera del código

En Fez, los burros no pueden entrar por algunas de las callejas de la parte vieja, y en las Islas de Spitsbergen algunos conductores de motonieves son avisados del peligro de encontrarse con osos polares en el camino desde el aeropuerto hasta Longyearbyen, el núcleo habitado más importante. Desde el desierto hasta las tierras polares, pasando por junglas y playas las señales
de tráfico, nos pueden resultar siempre especiales. La DGT no las tiene en cuenta, pero sus advertencias son tan importantes como una limitación de velocidad.

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Aunque los GPS y otros sistemas de navegación nos dan toda clase de información a los usuarios de la conducción, las nuevas señales de tráfico siguen siendo el lenguaje más útil y práctico, para facilitarnos nuestros movimientos.

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Un giro a la derecha o a la izquierda puede ser tan importante como avisarnos de la población de iguanas en un parque natural en Venezuela o el frecuente paso de surfistas, que cruzan corriendo desde el parking hasta la playa.

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Si nos quejamos de la falta de señalización de algunas de nuestras carreteras, pocas veces pensamos en los peligrosos que pueden ser los excesos. Los cruces de algunos caminos en zonas rurales de Tasmania o Noruega, parecen una colección de jeroglíficos culturales. Un pueblo, un monumento o un hotel sirven de referencia para localizar el centro de interpretación de un parque nacional. La originalidad y la estética se unen con suerte desigual en un arte tan cercano a nosotros que no lo valoramos lo suficiente: el cartelismo.

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