Los eléctricos no son la solución

F.A.S.

 Se han cumplido dos años desde que se descubrió que Volkswagen instalaba en algunos de sus automóviles sistemas que daban datos falsos en las mediciones de emisiones. Desde septiembre de 2015 y hasta hoy, varias marcas más se han visto implicadas en prácticas similares.

 

Esta situación ha conseguido algo que, probablemente dos años antes, casi nadie imaginaba: que las ventas de automóviles diésel cayeran vertiginosamente y que comenzase la muerte a cámara lenta del motor de combustión de gasolina. Y todo ello pese a los enormes avances en consumos y emisiones que se han conseguido (de forma legal) durante la última década en este tipo de motores.

Pero ¿qué alternativa hay? Los fabricantes de automóviles (de la mano de los gobiernos europeos y sus subvenciones) se han centrado en desarrollar de forma casi alocada la tecnología de los motores eléctricos. Pero ¿realmente es una tecnología limpia y de futuro.

 

1. De dónde vienen las emisiones

Por mucho que queramos limpiar el escándalo Volkswagen con el desarrollo de motores eléctricos para coches, no debemos olvidar que los automóviles son responsables de aproximadamente la mitad de los gases de efecto invernadero en el mundo atribuibles al tráfico. La otra mitad proviene del transporte de mercancías por carretera. O sea, de los camiones. 

2. Camiones… ¿eléctricos?

Un estudio publicado recientemente por dos investigadores de la universidad Carnegie Mellon desmontaban la feliz idea de electrificar el transporte de mercancías por carretera.

El estudio indica que, de media, los camiones de transporte de medias y largas distancias recorren al día entre 480 y 960 km. Pues bien, para un camión que recorriese 480 km al día se necesitaría un pack de baterías con un coste de 200.000 dólares. Y en el caso del camión de mayor recorrido (960 km), el peso de este pack de baterías sería de aproximadamente 16 toneladas. En otras palabras; se reduciría a la mitad la capacidad de carga de estos vehículos y se incrementaría enormemente el coste de los mismo.

3. Baterías

La tecnología de los vehículos eléctricos depende de baterías de litio. Otro estudio de la Universidad de Chile demuestra que, si los planes europeos y norteamericanos de electrificar una parte de la flota de automóviles se cumple, se necesitarían 400.000 toneladas de carbonato de litio en 2025.

Para alcanzar semejante cantidad de toneladas en 8 años, la producción de litio tendría que aumentar a un ritmo el 20% anual, el doble del crecimiento de los últimos 10 años. Y no olvidemos que más de la mitad del litio que se extrae en el mundo se obtiene de Argentina, Chile y Bolivia. ¿Cuál es el coste para el medio ambiente en esos países de la extracción de este mineral?

4. Impuestos

Los ingresos de los gobiernos europeos dependen en gran medida de los impuestos con que están gravados los hidrocarburos. Sólo en España, el gobierno recaudó en los primeros 6 meses de 2017 casi 5.500 millones de euros con estos impuestos.

Suponiendo que las previsiones de crecimiento de ventas de vehículos eléctricos se cumplieran, ¿cómo compensaría el gobierno tal pérdida de ingresos? ¿Aumentando los impuestos que actualmente gravan la energía eléctrica? Según Eurelectric, España ya es hoy en día uno de los países con la energía eléctrica más cara de Europa. 

5. Emisiones

No nos engañemos: los vehículos eléctricos también emiten, y emiten más cuanto más “sucia” sea la forma de generar energía por parte de un país.

Tomando como ejemplo el conocido Model  S de Tesla, el Land Transport Authority de Singapur registró hace dos años unas emisiones de CO2 equivalentes a 222 gramos por kilómetro. En Estados Unidos, las cifras son inferiores (alrededor de 160 gramos por km), pero no dejan de estar cerca o incluso por encima de competidores con motor tradicional de combustión interna.

El vehículo eléctrico es una solución útil para ciertos usos, como puede ser la movilidad estrictamente en ciudad o la entrega de mercancías en zonas urbanas, pero no es el sustituto de los motores de combustión.

Cualquier solución implica en mayor o en menor medida contaminar, ya sea en las emisiones generadas directamente por el vehículo, en la producción de energía o en la fabricación y reciclado de baterías.  El motor de combustión no es perfecto, pero tampoco merece que tiremos por la borda los años de perfeccionamiento de esta tecnología. A cada necesidad, una solución… al menos hasta que encontremos la panacea de la movilidad limpia de verdad.