La magia de la N-110

Esos secretos que merece la pena buscar.

Desde Madrid, las opciones para un fin de semana son muchas. Aprovechamos las ganas de cambiar de aires para disfrutar de una ruta por tierras abulenses o segovianas. Paisajes, gastronomía, ocio...  Poner en valor la zona las muchas sorpresas que ofrece la N-110 es casi un reto.

El mapa casi marca el destino.  La carretera es un eje ficticio.  Las ruinas se convierten en lujosos hoteles. Un pajar se rehabilita   por el guru del interiorismo. Por eso, la provincia de Segovia es el gran santuario para el ocio del madrileño.  Nuestro Subaru XV GLP es perfecto para esta escapada.

 

Por la A-1 dejamos la capital hacia nuestro primer destino: Sepúlveda. En poco más de hora y cuarto, esta villa que conserva todo su encanto medieval nos recibe de puertas abierta -y eso que tiene siete-. El primer capricho es pasearla con calma: sus cinco iglesias románicas, su castillo y las murallas, los arcos de la Judería.

Esa mezcla de cultura y naturaleza se agrupa en pocos kilómetros. El río Duratón sorprende siempre, aunque se visite con frecuencia. Una visita a Pedraza o un paseo en piragua demuestra como lo sencillo puede ser extremadamente sofisticado.  Esa puede  ser la razón por muchos famosos tengas en los pueblos cercanos su refugio para  los fines de semana.

Eso hace diferente a la N-110.  El turismo rural cargado de emociones. Nuestro Skoda Octavia RS disfruta por las carreteras de la zona.  Potencia y tracción en los tramos difíciles, pero suavidad y calma cuando se amplían los horizontes.  Una opción perfecta para pasar del pueblo al palacio con la misma ropa.   Pueblos como Aldeavieja, Prádena, Madrona,  Torrecaballeros, Otero o Valdeprados son mucho más que una posible parada.   La cultura agrochic siempre nos lleva a nuevos descubrimientos…   Quiero ser Rural,  pero con todas mis comodidades…

Si buscamos un hotel, la Hospedería de los Templarios es un referente. Sepúlveda es el lugar perfecto. En plena Plaza Mayor, con una exquisita decoración y todas las comodidades que podamos imaginar. Antigüedades y dulces son un buen regalo.

Encontramos el souvenir perfecto de nuestra escapada, Los jabones de mi mujer (https://losjabonesdemimujer.com). Hechos a mano y con los mejores ingredientes naturales, son un capricho con encanto que hay que darle a nuestra piel. La labor de Amelia, el alma de este precioso negocio es cosa de alquimia. ¿El lugar? La Mata en Santiuste de Pedraza…

Si buscamos un lugar especial, nuestra dirección puede ser Hotel Finca Fuente Techada.  Sotosalbos y su aroma serrano nos esperan. Este pequeño pueblo nos sorprende con un tesoro del románico, la iglesia de San Miguel Arcángel, digna de ver. Si se tercia quedarnos, el Hotel Finca Fuente Techada nos promete una estancia única, entre robles y fresnos. Un remanso de paz para quienes gozamos del campo, el arte, el silencio y la sencillez. Calor de hogar con unas vistas insuperables de la sierra de Guadarrama.  (http://hotelfincafuentetechada.com/)

La escapada a Segovia es una obligación, pero no es obligatorio entrar en la capital. Los alrededores también prometen. Zamarramala, por ejemplo, bien merece una visita, aunque solo sea por disfrutar de un buen cochinillo asado en La Postal, un luminoso mirador con unas  vistas espectaculares de Segovia, un recuerdo de película para nuestro anecdotario... https://www.restaurantelapostal.com/

Algo parecido sucede con  Párraces, Cerca de Muñopedro, al lado de Marugan,  la Abadía de Parracés, un monasterio del siglo XVI declarado de interés cultural y reconocido como monumento histórico. Un tesoro en plena naturaleza que nos embelesa con sus claustros y sus increíbles jardines. Hoy el conjunto se presta a la celebración de eventos, por lo que ¿quién sabe? Tal vez volvamos en alguna ocasión especial... https://www.abadiadeparraces.com/

Y antes de disfrutar de las subida a la Cruz de Hierro con nuestros Subaru, podemos parar en Villacastín. Tomar un café en la plaza con Jose o llegarnos hasta Casa Marcial para disfrutar de sus huevos fritos es casi obligación.   Recorremos sus calles imaginando su brillante pasado y nos detenemos para contemplar el Ayuntamiento, la iglesia de San Sebastián, sus ermitas y el puente de las Merinas... cada rincón despierta nuestro interés. Además, la fama repostera de las Clarisas del Monasterio de Ntra. Señora de los Ángeles nos obliga a probar, antes de irnos, los placeres monásticos: las delicias de Santa Clara, los bocaditos de almendra, las magdalenas, los naranjines...