MITSUBISHI ECLIPSE CROSS, LA EMOCIÓN PUEDE SER ELÉCTRICA

El otoño no llega de golpe: se insinúa. Enfría las mañanas, vuelve dorada la luz de las tardes y nos sorprende buscando las botas que habíamos olvidado al fondo del armario. Hay algo ceremonioso en esa transición, como si la naturaleza decidiera cambiar de decorado sin avisar. En el maletero caben una chaqueta impermeable, una mochila y ese entusiasmo silencioso de quien sabe que, al otro lado de la carretera, el campo empieza a oler a tierra mojada, a leña lejana y a hojas que aún no han caído. Todo eso nos lo ofrece un vehículo como el Mitsubishi Eclipse Cross (https://www.mitsubishi-motors.es/descubrir/Herencia/explore-eclipse-cross). Un nombre largo que, por suerte, no hay que repetir.

Para los que no creemos en las temporadas bajas, el Mitsubishi Eclipse Cross eléctrico propone una combinación apetecible: espacio familiar, respuesta inmediata y una autonomía homologada que supera los 600 Km en su versión de gran alcance. Es un argumento para pensar en escapadas con varias paradas, equipaje de fin de semana y la certeza de que no hace falta verlo todo para sentir que el viaje ha valido la pena.

El apellido Eclipse tenía carretera recorrida antes de llevarnos al bosque. Su memoria comienza en el deportivo que Mitsubishi puso en producción en 1989, un cupé de líneas limpias y espíritu claramente orientado al mercado estadounidense. Aquel Eclipse era promesa de curvas, música alta y ventanillas bajadas; una máquina pensada para el asfalto y para la sensación de que la noche podía durar un poco más.

Después cambiarían la silueta, el público y hasta la energía que lo mueve. El Eclipse Cross de 2017 trasladó la denominación al territorio de los SUV compactos, ese formato que ha aprendido a ser cómodo sin dejar de ser versátil. La variante híbrida enchufable, lanzada en Japón en 2020, combinaba gasolina, dos motores eléctricos y tracción a las cuatro ruedas. Mitsubishi llegaba a aquel punto con una experiencia acumulada: el i-MiEV apareció en 2009 y el Outlander PHEV en 2013, dos hitos de una electrificación que la marca llevaba años cultivando sin hacer demasiado ruido.

La nueva generación europea es completamente eléctrica. Utiliza la plataforma específica CMF-EV y se fabrica en Douai, Francia, dentro de la cooperación con Renault. Conserva la identidad del frontal Dynamic Shield, ese rostro reconocible que Mitsubishi ha convertido en una especie de firma, y mantiene un planteamiento familiar: un coche pensado para el uso diario, para los viajes largos y para esas escapadas en las que el equipaje crece sin que nadie sepa exactamente cómo.

La versión de gran autonomía reúne una batería de 92 kWh brutos —87 kWh útiles— y un motor eléctrico de 160 kW, comercializado por la marca como 220 CV, con 300 Nm de par. La tracción es delantera y la transmisión automática específica para el sistema eléctrico permite acelerar sin las interrupciones de un cambio convencional. El catálogo español declara un 0 a 100 km/h en 7,9 segundos. Son cifras que explican su soltura para incorporarse a una autovía o afrontar una subida con pasajeros y equipaje, aunque en montaña interesa administrar esa respuesta con suavidad.

La peculiaridad de esta motorización está en la inmediatez: la fuerza llega al pedirla con el acelerador, acompañada por la suavidad y el silencio propios de la conducción eléctrica. Los modos Eco, Comfort, Sport y Personal permiten adaptar el carácter del coche a la jornada, desde una conducción orientada a la eficiencia hasta una respuesta más dinámica. También el pie derecho aprende a viajar de otra manera: al levantarlo, la regeneración recupera parte de la energía del movimiento. Sus cuatro niveles, seleccionables mediante levas tras el volante, permiten ajustar la retención al tráfico y al trazado. En una carretera de curvas, esa posibilidad invita a anticipar y encadenar los giros con un ritmo más sereno.

Dentro, el paisaje encuentra un contrapunto luminoso y ordenado. Las líneas horizontales del salpicadero y los detalles en plata satinada refuerzan la sensación de amplitud, mientras las dos filas de asientos ofrecen cinco plazas. Según el acabado, la iluminación ambiental permite elegir entre 48 colores y el techo panorámico electrocrómico deja variar la transparencia del cristal. En una mañana otoñal, poder dejar entrar la luz y atenuarla cuando molesta forma parte de esos pequeños placeres que también cuentan en un viaje.

El puesto de conducción merece detenerse un momento. Su disposición reúne delante del conductor un cuadro digital configurable de 12 pulgadas y, en el centro del salpicadero, una pantalla multimedia también de 12 pulgadas según la documentación española. El volante multifunción, regulable en altura y profundidad, y el ajuste en altura de los asientos delanteros permiten acomodar la postura. Las levas para la regeneración quedan al alcance de los dedos, sin soltar el volante. Esta distribución ofrece buenos argumentos para una ergonomía cuidada: información frente a la mirada y funciones habituales accesibles desde el puesto de conducción.

En el acabado Kaiteki+, el asiento del conductor añade regulación eléctrica, memoria y masaje, detalles especialmente apetecibles cuando los kilómetros se acumulan. Los asientos delanteros y el volante calefactables acompañan las mañanas frías; el climatizador bizona permite que cada ocupante delantero encuentre su temperatura. Google integrado facilita la navegación y permite utilizar órdenes de voz para buscar un destino o manejar determinadas funciones. La consola flotante, el reposabrazos con guantera y la carga inalámbrica del teléfono completan un interior pensado para convivir con las pequeñas necesidades del camino. El confort también consiste en encontrar sitio para todo.

El maletero ofrece 545 litros, ampliables a 1.670 al abatir los asientos. Es espacio suficiente para botas, bolsas sin organizar y esa chaqueta impermeable que siempre aparece en el momento menos oportuno. El control de crucero adaptativo y las ayudas de seguridad completan una propuesta que busca ser práctica sin renunciar a cierto confort contemporáneo.

Los más de 600 kilómetros WLTP son una referencia homologada, no una promesa inquebrantable: el alcance real cambia con la velocidad, el frío, el desnivel y la climatización. Conviene prever la recarga como quien reserva mesa en un buen restaurante. La carga rápida admite hasta 150 kW; el catálogo anuncia unos 37 minutos del 15 al 80 % para esta batería, en condiciones adecuadas. Podemos aprovechar la pausa para comer, mirar el paisaje o decidir la siguiente parada. El viaje eléctrico enseña una virtud antigua: la calidad del producto.

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