RIBERA DEL DUERO EN CÓDIGO SEGOVIANO

Categories: Turismo rural, Vino1353 words7,2 min read

RIBERA DEL DUERO EN CÓDIGO SEGOVIANO


Hay una Ribera del Duero menos conocida, más silenciosa y más áspera, que no se cuenta desde las grandes bodegas ni desde los nombres habituales del vino castellano. Está en el nordeste de Segovia, en esa franja donde la provincia se arrima a Burgos y Soria, donde los páramos se levantan fríos, las laderas se llenan de piedra y el viñedo aprende a madurar despacio. Es la Ribera del Duero segoviana, un territorio pequeño en extensión, pero cargado de personalidad. Su altura y su climatología   revalorizan cada día sus vinos y sus viñedos. Los Riberas de Segovia empiezan a ser muy valorados…

La D.O. Ribera del Duero incluye oficialmente en Segovia los municipios de Aldehorno, Honrubia de la Cuesta, Montejo de la Vega de la Serrezuela y Villaverde de Montejo, además de la unidad poblacional de Villalvilla de Montejo, perteneciente a Villaverde de Montejo.

Según las estadísticas del Consejo Regulador, Segovia suma unas 220,9 hectáreas de viñedo dentro de la D.O. Ribera del Duero. No es una cifra grande si se compara con Burgos o Valladolid, pero precisamente ahí reside su interés: es una Ribera de viñas escogidas, de altura, de rendimientos contenidos y de pueblos que han mantenido una relación discreta, casi doméstica, con el vino.

El carácter de estos pueblos se entiende mirando primero al paisaje. La Ribera del Duero se cultiva entre los 720 y más de 1.080 metros de altitud, y el propio Consejo Regulador destaca que algunos viñedos superan esa cota, dentro de una de las regiones vitícolas de mayor altitud del hemisferio norte. Eso de los vinos de altura empieza a ser mucho más que un palabro de moderno… Es una tendencia de nuevos vinos de calidad.

En Segovia esa altitud no es un dato técnico: es una forma de vida. El invierno llega duro, el verano seca el terreno y las noches de final de temporada refrescan la uva. La D.O. define su clima como mediterráneo de fuerte continentalidad, con veranos secos, inviernos largos y rigurosos, poca lluvia y una oscilación térmica extrema que puede favorecer uvas pequeñas, de piel gruesa y maduración lenta.

Sobre esos suelos —arcillosos, calizos, pedregosos, con arenas limosas y capas de caliza— la vid no encuentra comodidad, sino exigencia. Y esa exigencia es precisamente la que da sentido a estos vinos: fruta más concentrada, maduración pausada, frescura, mineralidad y una expresión menos rotunda que la Ribera más famosa, pero muy interesante para quien busca identidad.

La Ribera del Duero presume de más de 2.500 años de relación con el vino, con referencias arqueológicas como los restos vinícolas del yacimiento vacceo de Pintia y el mosaico romano de Baños de Valdearados. También se documenta que en el siglo XIII comenzaron a aparecer bodegas excavadas en algunas villas, cuando el vino y el viñedo se convirtieron en una pieza fundamental de la economía y la cultura local.

Esa historia general encuentra en la zona segoviana una expresión más íntima: bodegas familiares, lagares, merenderos, viñedos viejos y pequeñas parcelas cuidadas durante generaciones. Aquí el vino no solo ha sido producto comercial, sino también despensa, fiesta, herencia y paisaje. En muchos pueblos, las laderas con bodegas tradicionales explican tanto la vida social como la viticultura.

El primer punto de referencia es Montejo de la Vega de la Serrezuela, uno de los pueblos más singulares de la Ribera segoviana. Su identidad vitivinícola se mezcla con un paisaje poderoso: las Hoces del Río Riaza, los cortados calizos, los buitres leonados, la memoria de los pueblos pequeños y una naturaleza que convierte la visita en algo más que una cata.

Bodega Severino Diaz es un proyecto que une corazón y tradición.  Jose Felix y su hija Teresa ponen toda la pasión y  el conocimiento  en una Bodega, donde  padre e hija  unifican criterios.   El pone el gusto por el vino  integral y ella la pasión por un nuevo público de éxito garantizado.  Si a esto unimos una expericia enoturística y gastronómica de la mano de todo su equipo, resulta muy fácil repetir la visita.  Montejo cuenta con unas 50 hectáreas de viñedo dentro de la D.O., una superficie menor que Honrubia o Aldehorno, pero muy relevante por su valor paisajístico y enoturístico. Montejo es, por tanto, uno de los puntos más completos para contar esta Ribera segoviana: viñedo, bodega, patrimonio natural, cultura del vino y turismo lento. No es un destino de escaparate rápido, sino de paseo, de visita pausada y de conversación en torno a la copa.

El otro gran reclamo de la Montejo es la la Casa del Parque Natural Hoces del Río Riaza, centro de recepción de visitantes, y destaca que en esta zona se conservan pueblos con patrimonio rural, tradiciones y una gastronomía asociada al lechazo y a los tintos de Ribera del Duero.

El otro punto fuerte es Honrubia de la Cuesta merece una parada especial. No solo porque es el municipio segoviano con más superficie de viñedo dentro de la D.O., sino porque representa muy bien esa Ribera de altura, de suelos pobres y de vinos que buscan tensión y carácter.  El Consejo Regulador contabiliza en Honrubia algo más de 100 hectáreas de viñedo, con una presencia dominante de Tinta del País, pero también con pequeñas superficies de otras variedades.

En los últimos años, ha empezado a sonar con más fuerza por proyectos que ponen en valor las cotas altas y las microparcelas. Bodegas Maeste, por ejemplo, describe una de sus parcelas en Honrubia como situada en una de las cotas más elevadas de la Ribera del Duero, cerca de los 1.000 metros, con suelos pardos rojizos, guijarros y roca madre antigua con presencia mineral. Un paisaje único.

Honrubia es un pueblo de cuesta también en el sentido simbólico: un lugar que obliga a subir, a mirar lejos y a comprender que el vino de esta zona no nace de la abundancia, sino de la resistencia. La viña aquí tiene algo de frontera. Está en el límite suroriental de la D.O., en un territorio donde el viento limpia el aire y donde la maduración se gana con paciencia.

Aldehorno es otro nombre clave. Con algo más de 70 hectáreas de viñedo, es el segundo municipio segoviano por superficie dentro de la D.O. Ribera del Duero. Su referencia más visible son los vinos producidos por Bodega Valdrinal, de futuro incierto, y  conseguir  sus vinos es casi un juego de resistencia. Aldehorno demuestra que la Ribera segoviana no es solo paisaje: también es elaboración, marca, bodega visitable y proyecto empresarial. Es el ejemplo de cómo una zona pequeña puede encontrar discurso propio dentro de una denominación muy competitiva.

Además, siempre podemos acercanos hasta Villaverde de Montejo y Villalvilla de Montejo: la viña como memoria rural, con una superficie muy pequeña de viñedo, alrededor de 1,5 hectáreas, pero su importancia no debe medirse solo en hectáreas. En su caso, el vino forma parte de un paisaje de bodegas, lomas, lavaderos, palomares y arquitectura rural.

El viñedo aquí se expande con fuerza…  Algo se está transformando en estas tierras segoviana, donde el turismo es un buen reclamo para disfrutar de la bici, el senderismo y una buena mesa conde chacinas y asados siguen siendo las estrellas. Su atractivo está en otra parte: en la autenticidad, en el silencio, en el contraste entre caliza y páramo, en las viñas que maduran con frío nocturno y en la sensación de estar ante un territorio que todavía no ha sido contado del todo.

Novedades

Déjanos tu email y te mantendremos informado.

Comenta

Comparte