BOTIJO LAND: VIAJE A LA TIERRA Y EL BARRO
BOTIJO LAND: VIAJE A LA TIERRA Y EL BARRO
Quien tiene un botijo, guarda un pequeño tesoro de arcilla. En tiempos de neveras ultramodernas y bebidas siempre frías, cuesta imaginar un mundo sin electricidad ni refrigeradores. Pero hubo una generación que entendía el calor y el frío desde otro lugar, más íntimo, más terrenal. Era el mundo de las sensaciones cotidianas… En invierno, frio y en verano, calor.
Cuando el sol apretaba y el aire se volvía denso, ¿cómo se lograba un sorbo fresco? Además de las fuentes de agua cristalina que manaban de la montaña, existía un aliado que no entendía de clases sociales: el botijo. Nacido hace unos 5.500 años, este humilde recipiente se convirtió en compañero inseparable de pastores y campesinos, artesanos y viajeros.
Lejos de ser una reliquia del pasado, el botijo sigue vivo. En tiempos de facturas eléctricas elevadas y conciencia ecológica, pocos objetos resultan tan sostenibles. No gasta luz, no contamina y, con un poco de paciencia y aire seco, convierte el agua en un regalo fresco y natural. A unos 30 grados de temperatura exterior, es capaz de bajarla entre 10 y 15 grados en una hora. Todo gracias al milagro del enfriamiento por evaporación: el agua transpira lentamente por los poros del barro y, en ese proceso, encuentra su frescura. Claro que, para que obre el milagro, la arcilla debe ser porosa; los botijos barnizados, tan vistosos en las vitrinas, no conservan ese don.
1.- LA GRAN COLECCIÓN DE BOTIJOS DEL MUNDO. TORAL DE LOS GUZMANES (LEÓN)

Si uno quisiera rendir homenaje a esta joya de barro, debería poner rumbo a Toral de los Guzmanes, en León. Allí se esconde un lugar singular que figura en el Guinness World Records: el Museo del Botijo Español. Alojado en el castillo-palacio de los Guzmanes, una fortaleza del siglo XIII, alberga la colección más grande del mundo, con casi 3.000 ejemplares.

Es una recopilación privada, fruto de la pasión del riojano Jesús Gil Gibernau, que cedió su tesoro al pueblo. Pasear entre sus vitrinas es recorrer la historia y la geografía española: botijos de todas las provincias, de diferentes formas y colores, adornados con motivos ingenuos o sofisticados. Algunos esconden secretos —como los botijos trampa—, otros cuentan historias —como los del cura o la novia—, y también los hay de ricos, brillantes y de cristal.
C. Carretera, 23, 24237 Toral de los Guzmanes, León. Tlf. 621 25 64 87
2.- LA RAMBLA: ALMA DE TIERRA ANDALUZA (Cordoba)

La Rambla, en la campiña cordobesa, es un municipio donde el tiempo late al ritmo del torno. Su tradición alfarera, con registros documentales que datan de 1624 es un referente mundial de artesanía. La maestría de sus vecinos nace de una conexión profunda con la tierra y el uso de la greda, una arcilla local extraída del propio suelo rambleño cuyas propiedades físicas son idóneas para la creación de piezas porosas destinadas al almacenamiento de agua.
El botijo es su pieza estrella y un auténtico prodigio de la ingeniería popular. Su funcionamiento se basa en un principio físico fascinante: la porosidad. Al igual que el cuerpo humano transpira para regular su temperatura, el botijo «suda. El agua se filtra por los diminutos poros del barro y, al evaporarse en contacto con el aire exterior, extrae calor del interior, logrando enfriar el líquido de forma natural y ecológica.

En los talleres familiares, que llegan a producir miles de piezas al año el oficio se transmite con pasión de generación en generación. Cada ejemplar es único, moldeado a mano mediante técnicas ancestrales. Un detalle técnico crucial es la adición de sal durante el proceso para obtener ese acabado blanco tan característico, que además aporta una mayor dureza a la pieza terminada
Aunque la producción ha evolucionado hacia una cerámica artística de vanguardia presente en ferias internacionales, La Rambla mantiene intacta su esencia artesanal. Hoy, este legado sigue siendo el motor económico y cultural de un pueblo que modela su futuro sin soltar el barro. Muchos de los talleres son lugares muy industriales, pero es una manera de mantener vivo el legado, gracias a cursos, y visitas guiadas.
Cerámica San José Alfar Escuela
Polígono Industrial los Alfares, 5,
14540 La Rambla, Córdoba
3.- HACERSE “BOTIJO LOVER” EN AGOST (ALICANTE)

Todavía hay hogares, sobre todo en los pueblos, donde un botijo descansa sobre una repisa, silencioso pero dispuesto a cumplir su oficio. En Agost, en Alicante, no se resignan a que su sabor a tradición desaparezca. De hecho, hace unos años impulsaron una campaña deliciosa, “Botijo Lover”, para reivindicarlo con orgullo y recordar que la sostenibilidad también puede tener raíces de barro.

Este municipio, rodeado de viñedos del Vinalopó, respira alfarería por los cuatro costados. Su cerámica blanca, pura, es famosa por sus formas clásicas como el pera o el carretero. A mediados del siglo XX, una veintena de fábricas daba sustento a centenares de familias. Hoy sobreviven solo tres talleres, guardianes de un legado milenario.

Ese pasado sigue latiendo en el Museu de Cantereriad’Agost, instalado en una antigua fábrica. Las antiguas cubas, los hornos y los tornos aún cuentan historias de oficio y fuego. Más de 4.500 piezas narran la evolución de una tradición viva que puede recorrerse también en la Ruta de la Alfarería, donde cada taller abierto al visitante es una ventana al alma de Agost.
Carrer de Monfort, Plaça de les Peones, 4,
03698 Agost, Alicante
Teléfono: 965 69 11 99
4.- LA FIESTA ALREDEDOR DEL BOTIJO EN ARGENTONA (BARCELONA)

En Argentona, Barcelona, el botijo tiene fiesta propia. Cada 4 de agosto, el pueblo celebra la Festa del Càntir, una cita que hunde sus raíces en el siglo XVII, cuando una epidemia llevó a los vecinos a pedir la protección de Santo Domingo, guardián de las aguas.
La leyenda dice que el agua de su fuente solo cura si se recoge en un cántaro nuevo. Desde entonces, los alfareros del lugar hallaron motivo para celebrar su arte. En 1951, se elaboraron 200 cántaros; en el año 2000, ya eran 9.000 los vendidos. Cada edición recrea un modelo distinto, uniendo tradición, creatividad y devoción.

Muy cerca, el Museu del Càntir conserva piezas que parecen narrar el paso del tiempo: desde ejemplares de la Edad de Bronce hasta diseños de Picasso, pasando por cerámicas de los siglos XIV al XX. Un recorrido por el museo es también un viaje por la memoria de quienes moldearon barro con paciencia y fe.
Plaça Església, 9, 08310 Argentona, Barcelona
Teléfono: 937 97 21 52
5.- LA COLECCIÓN DE BOTIJOS MÁS ANTIGUA DE ESPAÑA, EN VILLENA (ALICANTE)

Nuestra ruta por la tierra y el barro nos lleva de nuevo a Alicante, esta vez a Villena, donde se encuentra el Museo del Botijo Pablo Castelo Villaoz. Allí, en una casa que mantiene su estructura original, se guarda la colección de botijos más antigua de la península ibérica.

Son más de 1.600 piezas reunidas con amor por su fundador: algunas nacidas de cerámica, otras de madera o metal, y las hay con formas humanas, animales o incluso de edificios. Cada una guarda una historia y, en conjunto, componen un retrato sensible del vínculo entre el agua, la tierra y el ingenio humano. La visita, que se realiza con cita previa, es una oportunidad de contemplar de cerca el valor.
C. del Párroco Azorín, 5,
03400 Villena, Alicante
Teléfono: 618 84 13 08

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