EL LEGADO VIVO DE LA GUBIA
EL LEGADO VIVO DE LA GUBIA:
Ángel Martín y la Escuela de Rioseco
En el corazón de la Tierra de Campos, donde la Semana Santa se vive con una intensidad casi atávica, el taller de Ángel Martín García en Medina de Rioseco se erige como uno de los últimos baluartes de la imaginería tradicional castellana. Martín no es solo un escultor; es un guardián de las esencias, un artista que ha sabido recoger el testigo de los grandes maestros del Siglo de Oro —como Gregorio Fernández o Juan de Juni— para mantener viva una escuela que prioriza el realismo descarnado, la teatralidad sobria y la transmisión de la fe a través de la madera.
La Filosofía del Imaginero: Entre la Tradición y la Técnica
La manera de entender la imaginería de Ángel Martín se aleja de las modas pasajeras. En un tiempo donde la estética andaluza ha permeado muchas de las celebraciones del norte de España, Martín se mantiene fiel a la austera dignidad castellana. Para él, una imagen procesional no es meramente un objeto de decoración, sino un vehículo de devoción que debe conmover y narrar la Pasión con veracidad.
Su proceso creativo es meticuloso y respeta los tiempos que la materia exige, una metodología casi litúrgica que define su «manera de trabajar»:
Todo comienza con el modelado en arcilla. Martín defiende que el alma de la obra nace en este primer contacto con la tierra, donde se definen los volúmenes, la expresión y el movimiento. Es en el barro donde el imaginero «sufre» y resuelve los problemas anatómicos antes de tocar la madera.

El Sacrificio de la Madera: Utilizando maderas nobles, frecuentemente cedro real por su durabilidad y nobleza ante la gubia, Martín traslada el modelo con una precisión técnica envidiable. Su talla se caracteriza por el «golpe de gubia», una técnica que busca texturas y claroscuros profundos, evitando los acabados excesivamente relamidos o artificiales.
Una faceta menos conocida pero vital de su trabajo es la ingeniería aplicada a las andas. Ángel Martín entiende el sufrimiento del cofrade bajo el paso. Por ello, ha revolucionado la construcción de tronos en Castilla, aligerando estructuras internas y eliminando cientos de kilos de hierro innecesario, como hizo con las andas del Cristo de la Luz de Valladolid, permitiendo que la estética no comprometa la funcionalidad procesional.
Un legado sin calendario. Obras Principales: Bronce y Madera
La producción de Ángel Martín es extensa, abarcando desde la escultura monumental pública hasta la imaginería devocional más íntima. Sin embargo, hay piezas que definen su carrera:
1. El Monumento al Cofrade (Medina de Rioseco) Quizás su obra más emblemática y visible, situada la entrada al Museo de la Semana Santa, y es un verdadero símbolo para toda la provincia. Realizado en bronce, este conjunto escultórico no representa a un santo, sino a la esencia misma de la tradición riosecana. La obra muestra a un cofrade adulto llevando de la mano a un niño vestido de «hermanito».

Simbolismo: Es un homenaje a la transmisión generacional. Martín capturó con maestría el momento en que el padre enseña al hijo el peso y el honor de la tradición. Los detalles son exquisitos: la túnica de paño, el farol, la medalla y la postura corporal que denota el cansancio digno del procesionar. Es una obra que habla del pasado y del futuro de la ciudad.
2. Cristo de la Paz y la Misericordia (León) Para la Cofradía de Jesús Divino Obrero de León, Martín talló un paso de misterio que demuestra su capacidad narrativa. El conjunto representa el momento en que Cristo es despojado de sus vestiduras antes de la crucifixión.

Las figuras destacan por su anatomía potente y expresiva. El Cristo, de mirada serena pero doliente, contrasta con la brutalidad de los sayones. Aquí, Martín demuestra su dominio de la policromía, aplicando encarnaduras que dotan a la piel de un realismo casi palpitante, siguiendo las técnicas barrocas de pulimento y matizado.

3. Restauraciones y Copias Históricas El respeto de Martín por la historia le ha llevado a realizar intervenciones cruciales en el patrimonio de la región. Destaca su copia de la Virgen de Carejas (Paredes de Nava), donde replicó una talla del siglo XII con tal fidelidad que permite la conservación del original sin privar al pueblo de su devoción. Asimismo, sus intervenciones en los pasos históricos de Rioseco, como la restauración de La Oración del Huerto, han sido vitales para frenar el deterioro de siglos, siempre aplicando un criterio conservador: sanar la madera sin borrar la pátina del tiempo.

4. Andas del Cristo del Mercado (Segovia) Esta obra muestra su versatilidad técnica. Diseñó unas andas en cedro rojo que son un prodigio de adaptación: permiten procesionar a hombros el Jueves Santo y, mediante un sistema mecánico oculto, a ruedas el Viernes Santo. La talla decorativa, inspirada en los esgrafiados segovianos, demuestra cómo Martín integra la identidad local en cada encargo.

Pero para sorpresas de muchos, nada de ese trabajo sería posible sin la creatividad de Maria de los Angeles González Rodriguez, esposa de Angel. Su conocimiento del color y como se aplica a las tallas son el complemento perfecto. El color es luz y su formación da lugar a esos relieves que mezclan sentimiento y pasión.
Por eso, y por muchos más detalles Ángel Martín no es solo un escultor de Medina de Rioseco; es el eslabón que impide que la cadena de la imaginería castellana se rompa. En su taller, el olor a viruta de cedro y el sonido de la maza golpeando la gubia nos recuerdan que, para él, tallar no es solo dar forma a la madera, sino dar forma a la fe y a la identidad de un pueblo. Su obra perdurará no solo por su calidad técnica, sino por haber sabido capturar el alma recia y profunda de la Semana Santa de Castilla.

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