EBRO  S-700 EN  A MARIÑA LUCENSE

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EBRO  S-700 EN A MARIÑA LUCENSE:

La delicada belleza de una costa casi salvaje


Para ir a la costa lucense no hacen falta excusas. Dicen que entre el mar y la montaña siempre se cocinan las maravillas naturales más espectaculares, y la Mariñalucense es una buena prueba. Cerca de 100 kilómetros de costa donde la sorpresa suele cogernos desprevenidos ante la monumentalidad del paisaje: playas como excavadas en la roca, bosques de cuento, eucaliptos de tamaño descomunal como el Abuelo de Chavín, que dicen que es uno de los de mayor envergadura de Europa…

El nombre no es lo más importante, pero  aquí todo cuenta.  El regreso de EBRO al mercado automovilístico nacional supone mucho más que la presentación de un SUV.  Es la vuelta de una de las marcas con mayor arraigo en la historia española del motor, ahora volcada en la innovación, sostenibilidad y tecnología.  Lo nuestro siempre gusta, pero el cliente debe decidir.  Por eso, el EBRO s700 se aparece como estandarte de una nueva era, combinando legado, diseño y altos estándares de calidad y seguridad. Una compra sensata para los que necesitamos un coche polivalente.

El EBRO s700 destaca a primera vista por sus líneas fluidas y poderosas. Hereda el concepto del “arte de las líneas fluidas”, fusionando robustez y carácter tecnológico. Su aspecto imponente se acompaña de unas proporciones muy equilibradas: 4,55 metros de longitud, 1,86 de anchura y 1,69 de altura, con una generosa batalla de 2,67 metros.

El frontal, con su parrilla octogonal y detalles cromados, evoca el rugido de un tigre y aporta personalidad propia, mientras que los grupos ópticos con luces diurnas LED remarcan la identidad de marca. El lateral integra una cintura ascendente y el pilar C en negro para reforzar la sensación de techo flotante, mientras las llantas de aleación completan el aspecto aerodinámico. La zaga, con óptica coast-to-coast y gráficos luminosos sofisticados, añade dinamismo y elegancia.  Lo discreto también puede ser bonito…

Un día me llego un paquete a casa  que despertó mis instintos más gallegos…  Cuando llega a tu casa un paquete de Torviso, la vida cambia.  PanaderiaTorviso. Calle Reinante, 22. Ribadeo. Una llamada a Ribadeo y tenemos la mejor información del lugar.  Abrió sus puertas hace ya siete décadas en el conocido como Horno del Rato, y desde entonces sirve a los vecinos de Ribadeo bollería, dulces, empanadas y, por supuesto, varios tipos de pan de ese que se cocina con mimo. Manuel  y su madre son un buen ejemplo del pequeño comercio en la zona.

Isla Pancha y Puerto de Rinlo. No son lugares excesivamente conocidos, pero sus vistas y senderos para pasear alimentan el espíritu.

Isla Pancha

En esta costa también es interesante visitar el yacimiento galaico-romano de Punta do Castro, está bastante deteriorado por la acción del mar, pero el paseo merece la pena, el camino es muy cómodo y hay una zona de picnic con vistas al mar, ¿se puede pedir más?

Y de castro a castro y tiro por que me toca. El castro de Fazouro en la turística Foz tiene fácil acceso en coche y está a tan solo 5 kilómetros de la población en dirección a Burela. Es un castro marítimo, por lo que los acantilados y las playas están garantizadas a su paso.

Pero A Mariña también son sus pueblos, sus puertos, sus gentes. Y es ahí donde encontramos lo verdaderamente auténtico: en las tradiciones con forma de fiesta que todos los vecinos viven con intensidad.

Desde ferias tradicionales de ganado y Rapa das Bestas, hasta celebraciones mágicas como la Queimada Popular o la Maruxaina, que celebra la leyenda de la sirena, pasando por procesiones marítimas y romerías o fiestas gastronómicas relacionadas sobre todo con el mar en las que homenajean al bonito del norte, a la merluza, al percebe, al erizo de mar, al mejillón… Pero también a ciertos manjares de la tierra como la faba, que tiene una cita cada año en la Festa da Faba  de Lourenzá. Una auténtica veneración a los tesoros que dan estas tierras donde los paisajes son un canto a lo salvaje.

El arte y la gastronmía se juntan en la Iglesia de San Martiño es mucho más que una joya arquitectónica y referente de la historia lucense.  Arte y dulzura porque en la Pastelería Amarena (Rego de Foz, 11. Foz), se hacen réplicas de la edificación y Anduriña (Calle  AlvaroCunqueiro, 38. Foz)  la tarta de hojaldre como la  zapatillade San Gonzalo.  Los reposteros   más golosos  de la zona.

Y así, entre playas recoletas os vais acercando a Burela, siguiendo unas serpenteantes carreteras que invitan continuamente a parar para contemplar un mar salpicado de leyendas.

Paseando por el puerto y disfrutando de esas tardes de “luz de faro” hay que arrimarse a los bares, y a comer el famoso bonito de Burela, las estrella gastronómica del lugar. Pero en A Mariña no todo son leyendas de peces y pescadores. Hay otra cultura histórica que rinde culto a la tierra y que puede verse muy cerca. En esta comarca se celebra cada año una de las tradiciones más ancestrales de la historia de Galicia. Se trata de A Rapa das Bestas en la que se marcan al fuego y se despojan de crines y colas a los potros casi salvajes que se crían en las montañas. Las ferias y las romerías, son una magnífica ocasión de conocer una tierra en la que todavía se tiene la sensación de estar descubriendo territorio virgen.

Si nos gusta la legumbre,  hay una faba que tiene especial buena fama en Galicia es la que se cultiva en la Mariñalucense, en concreto en Lourenzá. ¿La razón? Las características del suelo y  las técnicas tradicionales empleadas en su cultivo, que dan como resultado un grano brillante, de piel fina y pulpa tierna, con una agradable textura y un característico sabor.  Un producto diferente que merece la pena conocer.

Burela, Sargadelos, allí donde el marqués del mismo nombre hizo popular la brillante cerámica en tonos azulados, Cervo y Xove, donde está la fábrica de Sargadelos, os arrastrarán a Viveiro, la ciudad más importante de A Mariña en todos los sentidos. Sus puertas medievales dan la bienvenida con empaque y elegancia. Fueron seis en otros tiempos, de las que ahora se conservan tres: la «Porta da Ponte Maior», plateresca de 1548, la «Porta do Valado», del siglo XII, que daba entrada a la ciudad desde la antigua calzada romana, y la «Porta da Vila», la principal. En el interior de la ciudad, se esconde un conjunto arquitectónico rico que se conjuga con un activo ambiente de capital de comarca. El barrio medieval está muy bien conservado y no tiene nada que envidiar a algunas ciudades castellanas.

En Viveiro se alcanza el límite costero de la provincia de Lugo, así que para llegar hasta Estaca de Bares tendréis que pasar a tierras coruñesas, donde podéis ver O Barqueiro cuyo entorno paisajístico es digno de ser disfrutado.

Su ría es una de las más pequeñas de Galicia y de las más bonitas también y nos acerca a la punta más septentrional de la península, Estaca de Bares, un paraíso de extrema belleza donde el atlántico y el cantábrico mezclan sus aguas, rodeado por un paisaje espectacular, que ha sido declarado Zona Protegida y lugar de Interés Nacional.

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