OPEL FRONTERA:  25 AÑOS DE EVOLUCIÓN

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OPEL FRONTERA:  25 AÑOS DE EVOLUCIÓN 


El Opel Frontera es uno de esos modelos que definen una época: nació como todoterreno “recreacional” a principios de los noventa y hoy resurge convertido en SUV eléctrico para una movilidad distinta, pero con el mismo espíritu de frontera  y aventura.  Un salto desde el chasis de largueros y la reductora hasta el actual Frontera Electric resume la metamorfosis del automóvil europeo en las últimas tres décadas.

Con la llegada del Frontera Electric, el desafío deportivo se redefine hacia la eficiencia y la autonomía, abriendo la puerta a futuros formatos de pruebas específicas para vehículos eléctricos en las que este SUV pueda demostrar que la palabra “Frontera” sigue asociada a cruzar límites, aunque ahora sean energéticos y tecnológicos. La herencia del todoterreno de los noventa sigue presente en la narrativa y en ciertas versiones de imagen, pero el campo de juego ha cambiado: hoy la competición se libra en el terreno de la descarbonización y la movilidad inteligente.

De pionero SUV a icono de los 90  

Cuando Opel presenta el Frontera en el Salón de Ginebra de 1991, el concepto resulta disruptivo: lo denomina “vehículo recreacional con tracción total”, un 4×4 pensado tanto para el ocio como para el día a día, anticipando la fiebre SUV que vendría después. La base técnica procede del Isuzu MU, pero el diseño y la puesta a punto se adaptan al gusto europeo, con una estética robusta y un interior próximo a una berlina compacta.

La gama arranca con dos carrocerías muy diferenciadas: el Frontera Sport de tres puertas, con techo duro desmontable, batalla corta y una imagen casi de coupé de aventura, y el Frontera de cinco puertas, más largo, familiar y pensado para viajar con equipaje. El primero monta un 2.0 de gasolina de 115 CV, mientras el cinco puertas se ofrece con un 2.3 de gasolina de 125 CV o un 2.3 turbodiésel de 100 CV, siempre con chasis de largueros, ejes robustos y tracción total conectable.

En una Europa donde el todoterreno seguía ligado al mundo agrícola o militar, el Frontera propone combinar auténticas aptitudes off road con un comportamiento en carretera razonablemente cómodo y estable, acercando el 4×4 al usuario particular. Esa fórmula funciona: a mediados de los noventa el modelo llega a convertirse en el todoterreno más vendido de Europa, consolidando la imagen de Opel como marca capaz de ofrecer un vehículo para “cruzar fronteras” físicas y simbólicas.

Frontera B: madurez y refinamiento

La segunda generación, conocida como Frontera B, aparece en 1998 con un diseño más redondeado y motores de cuatro válvulas por cilindro, un guiño a la necesidad de mejorar prestaciones y eficiencia sin perder la robustez. Opel introduce un sistema de “No Stop AWD” que permite manejar la transmisión con mayor comodidad y rapidez, facilitando el paso de tracción trasera a 4×4 sin detener el vehículo.

Estéticamente, el Frontera B suaviza líneas, gana empaque visual y acerca su presencia a la de los SUVs que empezaban a imponerse en las ciudades, sin renunciar a una cintura alta, pasos de rueda marcados y paragolpes preparados para la batalla campestre. En el interior, mejora materiales y ergonomía, al tiempo que amplía el equipamiento de seguridad y confort, alineándose con las crecientes expectativas de los conductores europeos.

A nivel de chasis, sin embargo, mantiene la filosofía original: bastidor resistente, suspensiones pensadas para soportar trato duro y una transmisión que permite afrontar pistas, barro o nieve con solvencia, lo que consolida al Frontera como todoterreno “real” en un mercado que empezaba a llenarse de imitaciones más asfálticas. La producción se mantiene en la planta de Luton hasta finales de 2003, y las últimas unidades circulan todavía hoy como clásicos de uso mixto, muchos ya con matrícula histórica.

Aunque el Opel Frontera no ha sido un protagonista de primer plano en el gran escaparate de los ralléis internacionales, sí ha tenido presencia en pruebas off road, raids y campeonatos nacionales y regionales donde su robustez ha sido un valor decisivo. La base técnica de chasis de largueros, ejes resistentes y una transmisión 4×4 con reductora lo convirtió en un candidato natural para preparaciones de raid y trial, muy apreciadas por equipos privados que buscaban fiabilidad por encima del brillo mediático. Por eso no es raro ver modelos de la versión más primitiva compitiendo en el Marroco Challenge, Dakar Classic  o en el Chatarra Raid

Diseño y concepto: del 4×4 clásico al SUV eléctrico

La gran virtud del Frontera original fue entender que el diseño debía transmitir aventura sin intimidar al conductor de diario: líneas rectas, cintura elevada, voladizos cortos y una postura de conducción alta que ofrecía visibilidad y sensación de control. Frente a los todoterrenos más rudos de la época, el Opel proponía una estética más cuidada, con colores vivos en el Sport y tonalidades sobrias para el cinco puertas, reflejando dos maneras distintas de entender el ocio y el viaje.

El nuevo Opel Frontera Electric retoma esa idea de vehículo “para todo”, pero la traduce al lenguaje del SUV urbano y familiar alimentado por batería. Ahora la prioridad ya no es el ángulo de ataque, sino la eficiencia aerodinámica, el espacio interior y la conectividad, con un diseño compacto –4,39 metros de largo, 1,80 de ancho–, cinco puertas y un habitáculo donde caben cinco pasajeros y un maletero que puede llegar a 1.594 litros con los asientos abatidos.

El frontal adopta el “Opel Vizor”, la nueva firma de la marca, con faros integrados en una banda oscura y una carrocería de formas limpias que suaviza la imagen respecto al 4×4 original, pero mantiene cierto aire robusto en los pasos de rueda y el pilar C. El resultado es un coche que ya no busca la épica del barro, sino la del día a día en clave sostenible, aunque Opel ha jugado con versiones de imagen más campestre como el show car Frontera “Gravel”, orientado a subrayar esa herencia off road.

El nuevo Opel Frontera Electric

El Frontera Electric, lanzado en 2024, se posiciona como SUV compacto 100% eléctrico de acceso en la gama de la marca, con un planteamiento racional, pensado para familias y usuarios urbanos que recorren muchos kilómetros pero no necesitan grandes potencias. Monta un motor eléctrico de 113 CV y 125 Nm que impulsa el eje delantero, con una velocidad máxima limitada a 140 km/h y una aceleración de 0 a 100 km/h en unos 12,1 segundos.

La batería, de 44 kWh útiles, utiliza tecnología de litio-ferrofosfato (LFP), priorizando durabilidad y coste contenido frente a densidades de energía extremas. Con esta configuración, el Frontera Electric homologa una autonomía WLTP de unos 305 kilómetros, con consumos en el entorno de 18,2–18,5 kWh/100 km y posibilidad de recarga rápida en corriente continua de hasta 100 kW, que permite pasar del 20 al 80% en poco más de 25 minutos.

A nivel práctico, el modelo ofrece una arquitectura interior pensada para el uso familiar: cinco plazas reales, banqueta trasera aprovechable, maletero de 460 litros ampliable, numerosos huecos portaobjetos y un puesto de conducción dominado por pantallas digitales, pero con mandos físicos para las funciones esenciales. La suspensión combina un eje delantero McPherson con un trasero de barra de torsión, buscando equilibrio entre confort y estabilidad en uso urbano y periurbano, donde este SUV eléctrico va a desarrollar la mayor parte de su vida.

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