Canales de Francia

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Hay cosas que siempre hemos pensado que deberíamos hacer y todavía no nos hemos decido… Ahora es el momento de un viaje diferente. Antes de que existiera el tren, la mejor manera, y tal vez la más rápida, de comunicarse y viajar por Europa era a través de los ríos y canales. En ese sentido, Francia es el país por excelencia del turismo fluvial, con diez regiones de navegación que varían en paisaje y naturaleza, cultura y dificultad a elegir, en caso de ir con barco propio.

Más de 8.500 kilómetros de canales navegables que enlazan cinco grandes ríos: el Sena, el Loira, el Garona, el Rin y el Ródano. La oferta de cruceros y alquiler de embarcaciones es amplia y la experiencia, por supuesto, hay que vivirla.

Canal du Midi.

Du Midi o de Medio Día, es el que une Toulouse con el Mediterráneo y discurre soleado entre los viñedos de la región del Languedoc. Es uno de los canales navegables más famosos del mundo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, con una belleza especial gracias no sólo al paisaje, sino al canal en sí, con los pasos por las esclusas y los puentes-canales.

Durante el recorrido, desde la animada Toulouse, hasta las playas de arena fina del Mediterráneo, es ineludible una cata de vino y la parada en alguna de las localidades medievales y bonitas ciudades amuralladas que salpican las orillas, como Carcassone o Beziers, donde además merece la pena quedarse a disfrutar del ambiente nocturno, de lo más exclusivo. El Monasterio de Fontfroide, un monasterio cisterciense del siglo IX al sudeste de Narbona, tampoco tiene pérdida.

Canal de Borgoña

Aquí todos disfrutan. Los navegantes más exquisitos a la hora de elegir una ruta que reúna gastronomía, vino e historia, tienen su lugar en el Canal de Bourgogne, en el centro de la Francia oriental. Son 1.500 kilómetros de ríos y canales que permiten dibujar una ruta de arte cisterciense y viñedos por lugares como Auxerre, Dijon, Cluny, Paray-le-Monial, Vézelay, La Charitésur-Loire, Fontenay, o el propio castillo de Borgoña. Alquilar un barco y navegar a tu aire parando en las distintas localidades a profundizar en la intensa historia de la que han sido testigos, es todo un privilegio.

Valle del Loira

Situada en el centro de Francia, es la zona de los castillos más espectaculares, los jardines más bellos y románticos, los pueblos medievales de cuento y las ciudades romanas. Los cruceros suelen hacer paradas para pescar y para hacer algún recorrido en bici, aparte, claro, de las visitas a los lugares emblemáticos o a alguna de las bodegas de Sancerre, una de las zonas vinícolas más conocidas del país.

Más de 300 viñedos alternan la producción de Sauvignon Blanc para los blancos y la Pinot Noir para los exquisitos tintos que se pueden degustar en las catas. Entre las visitas recomendadas están Beaulieu, cuyos jardines y casas se aprecian también desde el barco, Cosne cours sur Loire, Sancerre, el canal de Briarele, Châtillon Sur Loire, Marseilles les Aubigny, Cours Les Barres y Nevers, de donde el souvenir es sin duda la porcelana y el must para las fotos, el palacio ducal.

Canal de Nivernais

Dicen que es el canal más hermoso de Francia por la calma con la que discurre y por el paisaje que lo acompaña, entre Auxerre y Decize, entre prados, viñedos, exuberantes bosques y barrancos rocosos que un día albergaron canteras, muchas reconvertidas hoy en restaurantes. 180 kilómetros para unir la cuenca del Loira con la del Sena. La ruta discurre por pequeñas ciudades con encanto como la medieval Clamecy, especialmente conocida por su impresionante arquitectura, iglesias y otros edificios religiosos que forman parte del rico pasado de la zona.

En Auxerre, la catedral Saint-Étienne, modelo de elegancia de estilo gótico, invita a visitarla antes de poder llegar a puerto. Y como no podía ser menos, tampoco faltan los castillos con espectaculares jardines, el de Chitryles- Mines y de Châtillon-en-Bazois.

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