SOY DE PUEBLO Y CON ORGULLO
Un fin de semana, dedicado a ser discreto.
Hay pueblos que no piden una escapada: la sugieren. No levantan la voz, no compiten por la foto inmediata, ni por el titular fácil. Están ahí, con su iglesia, su ribera, su piedra o su silencio, esperando a ese viajero que ya no quiere llegar deprisa, sino llegar bien. Posiblemente, su bar no es el más moderno, pero aquí se sabe recibir y se comparte lo que queda en la barra porque la vida sigue. Si has logrado evitar el atasco casi religioso del fin de semana, te animamos a que busques esos pueblos en el mapa.
Tal vez por eso estos cuatro fines de semana perfectos comparten una misma filosofía. No consisten en tachar lugares, sino en instalarse bien. En llegar el viernes, deshacer la bolsa sin ceremonia, salir a dar una vuelta con el perro antes de cenar y empezar a dejar que el pueblo haga el resto. Hay destinos que exigen rendimiento. Estos, por suerte, todavía lo permiten
Tarancueña: la magia de un horizonte soriano.

Tarancueña no necesita impostura. Está en la comarca de Caracena, cerca de todo y alejado del mundo. En esta tierra se entra por una carretera que ya viene preparando el ánimo porque pasa por el entorno de Tiermes. Dentro del pueblo, entre callejuelas, aparece la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, la plaza mayor rectangular con su fuente y un caserío en el que aún pueden verse estelas funerarias empotradas en algunas fachadas. Además, Tarancueña forma parte de la Ruta de la Lana del Camino de Santiago, un detalle que le da a su serenidad rural una vieja condición de lugar de paso.

La base ideal aquí es La Casa del Pastor (https://www.escapadarural.com/casa-rural/soria/la-casa-del-pastor), en la propia plaza del pueblo. La ficha del alojamiento la presenta con jardín y barbacoa, acceso a internet, actividades para niños, cuna y, sobre todo, con esa línea que hoy decide muchas escapadas familiares: “admite mascotas”. Es una de esas casas que no obligan a complicarse la logística, algo decisivo cuando el plan consiste precisamente en simplificar el fin de semana.

El sábado en Tarancueña debería empezar sin prisa, casi sin programa. Paseo por el pueblo, vuelta lenta a la iglesia, café al sol si la mañana acompaña y, después, salida a pie hacia el cañón de Tarancueña-Caracena. Se describe la ruta como un itinerario de ida y vuelta de unas cuatro horas y unos 12 kilómetros, siguiendo el río Adante entre paredes escarpadas. No hace falta completarlo entero para disfrutarlo: en un viaje con niños o con perro basta a menudo con internarse en el primer tramo, sentir cómo cambia la luz entre los farallones y regresar cuando el cuerpo lo pida. Ese tipo de paseo, a medio camino entre la excursión y la contemplación, es exactamente lo que uno busca cuando quiere descansar de verdad. Y después de comer en Caracena, también se agradece que alguien no traiga en coche… pensando en la siesta.

El domingo pide ampliar el radio sin traicionar el espíritu del lugar. Muy cerca espera Montejo de Tiermes, cuyo gran reclamo es uno de los yacimientos celtibérico-romanos más importantes de la provincia soriana; la propia promoción turística recuerda que a solo unos minutos del pueblo puede visitarse Tiermes y su ermita románica de Santa María. Incluso podemos acercarnos a Atauta, con unos vinos que casi deberían quedar en secreto para que no suban los precios. Todo muy cerca, todo coherente, todo dentro de esa Soria del sur que parece hecha para viajar despacio.
Torrecilla de Cameros: la villa serrana donde el agua organiza el fin de semana

Torrecilla de Cameros tiene algo que muchas villas serranas han perdido: una mezcla muy viva de escala humana y densidad histórica. En su casco sobresalen el barrio de San Martín con su iglesia del siglo XV, el barrio de Barruelo al otro lado del río, la casa natal de Sagasta y el puente sobre el Iregua. El ayuntamiento añade que en la villa se pueden concertar visitas al Museo de la Emigración Riojana, a la Sala Sagasta, al Museo Parroquial y una visita guiada por el conjunto urbano. No es un pueblo para verlo corriendo; es un pueblo para ir uniendo escenas: un puente, una plaza, una fuente, una fachada, un giro de calle con montaña al fondo.

Aquí la base puede ser el Complejo Turístico Rural Villa Liquidámbar (https://www.villaliquidambar.com/), en Torrecilla mismo. Las plataformas de reserva lo presentan con vistas a la montaña, jardín y política petfriendly; en una de ellas se especifica expresamente que los perros pueden alojarse. Puede que no responda al cliché de la gran casa rural aislada, pero precisamente ahí está parte de su ventaja: permite quedarse dentro del pueblo y salir andando desde la puerta, que es una de las mejores formas de vivir Cameros con niños y con perro. El conocer a Joaquín su propietario es casi parte del ritual.

El sábado aquí pide vermut, callejeo y agua. El puente de Barruelo, según el ayuntamiento, se remonta a fines del siglo XV y fue ejecutado en el XVI; une San Martín con Barruelo y mide 56 metros de longitud. Cruzarlo es casi una forma de entrar en la Torrecilla verdadera. Después conviene dejarse llevar por el casco, acercarse al Parque Felipe Nestares —ese espacio social sombreado por castaños centenarios que sigue siendo centro de la vida local— y, si apetece una dosis de historia civil, asomarse al Espacio Sagasta, dedicado al político nacido aquí en 1825. En Torrecilla la actividad no tiene por qué ser frenética: basta con ir enlazando rincones mientras el Iregua va poniendo música de fondo.

Muy cerca está el Parque Natural de Sierra Cebollera, con 23.640 hectáreas de bosques, arroyos y relieve glaciar, una geografía de pinos, hayas y robles que funciona muy bien para una jornada de naturaleza tranquila. Y para las familias que quieran algo más activo sin renunciar al perro, el Parque de Aventura Sierra de Cameros (https://www.riojaventura.com/parque-aventura-de-lumbreras), en Lumbreras, suma circuitos familiares, tirolinas y un área recreativa, con una ventaja poco habitual: La Rioja Turismo especifica que se pueden llevar mascotas, siempre bajo la responsabilidad del visitante.
Campaspero: piedra blanca, horno castellano y excursiones con mucho fondo

Campaspero es uno de esos pueblos que tienen un material propio, una textura. En su caso es la piedra. El Museo de la Piedra (https://www.facebook.com/museo.delapiedra.7) explica desde los procesos de extracción geológica hasta los nuevos usos constructivos de la caliza local, y lo hace además con una recreación de cantera, monolitos y un audiovisual dedicado a los canteros del pueblo. Muy cerca, el lagar tradicional remata el relato contando la otra gran memoria material del municipio: la del vino, con su viga de olmo de unos nueve metros y su sistema de fosos para la uva y el mosto. Hay localidades que se explican por una fecha; Campaspero se entiende mejor por un oficio y por una materia.

Para dormir, la opción más práctica es El Clarinete, en el centro del pueblo. Un alojamiento entero para hasta seis personas, con internet, cuna y admisión de mascotas, además de actividades asociadas al entorno como BTT, cata de vinos o enoturismo. En otras palabras: una base limpia y funcional para entrar y salir, que es justo lo que conviene cuando el plan está tanto en el pueblo como en sus alrededores inmediatos.
El sábado en Campaspero debería dedicarse al propio municipio. Una visita al Museo de la Piedra ayuda a entender por qué este rincón vallisoletano tiene una personalidad tan compacta, y el lagar completa esa lectura con una inmersión en la tradición vinícola local. Después lo sensato es volver al aire libre y dejar que el pueblo se explique a sí mismo a través de sus fachadas claras, sus plazas y el ritmo de una localidad castellana que nunca ha necesitado disfrazarse de destino. A la hora de comer, además, Campaspero juega con ventaja. Tener los asados de Manix, no permite el fallo.. Un lugar obligado, por la calidad y por el personaje que hace del asado un ritual moderno.

El domingo es para salir un poco. Muy cerca, el Sendero de la Armedilla conduce hacia las ruinas del monasterio de Santa María de la Armedilla y la propia Diputación lo presenta como una de las rutas señaladas de la zona. Y, si el cuerpo pide patrimonio más visible y ambiente de villa, Peñafiel está ahí con una combinación difícil de mejorar: castillo del siglo XV, Museo del Vino en su interior y una localidad que Turismo de Castilla y León define como capital de la Ribera del Duero.
San Miguel de Bernuy: un fin de semana junto al Duratón menos conocido

San Miguel de Bernuy tiene la virtud de estar en un paisaje muy famoso —el del Duratón— pero en una versión menos transitada y más doméstica. Casi todo el pueblo está pensando para mirar al exterior. Junto a la iglesia de San Miguel hay varios miradores desde los que se ven las hoces y algunas ruinas de las ermitas de Sampedros o San Martines. También habla de una cueva cerca del puente medieval y de restos de antiguos molinos. Es un pueblo pequeño, sí, pero muy bien colocado para que casi cualquier paseo acabe convirtiéndose en plan.

La casa que mejor encaja en esta idea de fin de semana es El Ángel del Duratón, en el propio casco urbano. La ficha habla de una antigua casa de piedra y madera rehabilitada, con cuatro dormitorios, patio con barbacoa, jardín, terraza, internet, cuna y, de nuevo, esa condición clave para este reportaje: admite mascotas. Además, su situación “cerca de un río” y “cerca de un bosque” parece escrita para una escapada familiar sin demasiadas reglas.

El sábado aquí tiene un plan casi perfecto y bastante sencillo: la ruta del embalse de las Vencías. El ayuntamiento explica que sale del puente de piedra de San Miguel de Bernuy, avanza por senderos hacia las Ermitonas y permite ir viendo en la otra margen los Sanpedros y los Sanmartines, todo ello entre cortados, ruinas y paisaje fluvial hasta Fuentidueña. Es una de esas rutas que funcionan especialmente bien con perro porque el interés no depende de un único hito, sino de la suma de curvas, agua, miradores y paradas. Se puede hacer entera o parcial, en versión caminata larga o en versión paseo generoso, que suele ser la más inteligente cuando viajan varias edades juntas.
El domingo invita a quedarse cerca del pueblo y exprimir su orilla. La propia información turística local recuerda que desde el puente arranca la senda al embalse y que junto a la iglesia hay miradores naturales sobre las hoces. Esa combinación permite montar una jornada muy amable: paseo corto a primera hora, parada larga a media mañana, aperitivo en el pueblo y una sobremesa sin remordimientos.














