El Grajo Viejo

Nadie dijo nunca que la búsqueda de un buen vino y original fuera algo fácil. No faltan candidatos en esa carrera, pero tenemos que admitir que El Grajo Viejo de Bodegas Protos es, desde luego, un digno competidor por el codiciado premio, y sin duda el cabeza de lista de su clase.

Protos, sin duda, se ha superado con este tempranillo de potente sabor, elaborado con la mejor materia prima, la que se obtiene de estos viñedos de cepa vieja de más de 70 años edad y de muy escasa producción. La edad es más amiga de la calidad que de la cantidad y eso aquí se demuestra.

La ambición de este proyecto no tiene igual: se trata de un vino exclusivo concebido como un puro homenaje a sus consumidores, potente, de un intenso sabor que rivaliza con su tonalidad rojo cereza oscuro y a la vez unos ricos matices, gracias a un sutil toque de bayas rojas y negras que, a su vez, se reflejan en esos ribetes granates tan característicos. Lo importante en todo caso es que el buen aspecto y el mejor gusto se alían en un producto cuya finalidad es agradar y estimular al que tiene la suerte de disfrutar de una botella.

El sabor del Grajo Viejo, servido entre 16 y 18 grados, admite toques de vainilla y pimienta, y soporta una importante acidez con limpieza y, de nuevo, intensidad. El mimo parece ser el reclamo de inicio.

Su elaboración es un proceso igual de apasionante que su disfrute, madurado 18 meses en roble francés nuevo, macerado con hollejos y fermentado en barrica de 500 litros durante 26 días. Cualquier variación en tiempo y temperatura alteraría el resultado final, por lo que la precisión y la sutileza desplegadas aquí por Protos son fundamentales.

Para entenderlo casi merece la pena un viaje a Peñafiel y entender la personalidad del viñedo y de la personalidad del Terroir, elegante y de una artesanía incuestionable que, no obstante, solo puede apoyarse sobre la veteranía de sus viñedos, en la pura personalidad de la tierra, en "dejar hacer" a la madre naturaleza sin que el hombre intervenga más que lo estrictamente necesario.

Terroir es por tanto suelo, clima, lugar: una suma indescifrable de elementos naturales que sin embargo debe traducirse en un producto que destile verdad. El Grajo Viejo lleva ya tiempo ganándose esa reputación gracias a ese equilibrio irrepetible de naturaleza y técnica, de actitud y aptitud.

Por eso El Grajo Viejo es su mejor obra. Un vino que es perfecto para carnes, caza, pero también legumbres y crustáceos. Para pescados y quesos. Hay amplias posibilidades de maridaje, y todas ellas satisfacen por igual.

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