Monte Nevado

La calidad también evoluciona. Jamones Monte Nevado es un buen ejemplo. Tradición de siempre y tecnología para controlar la calidad, permiten traer al mercado un producto que presume de lo que vende. Aquí la genética es una ciencia que da valor al producto. Los que saben de calidad buscan esta etiqueta. Por algo será.

 

Un secadero de jamones es un espacio singular. La visión de los jamones colgados por la pezuña nos estimula los sentidos. Es fácil recuperar aquellos aromas de niño cuando te mandaban “calar” los jamones que preparaban para la próxima temporada, quitar la primera tira de tocino y preparar el primer corte. Eso era casi ser mayor…

Por eso el jamón tiene algo atávico. Disfrutar de un jamón es recuperar el sabor de un producto artesano y aprovecharnos del trabajo de muchas personas. Eso es lo que sucede con Jamones Monte Nevado.

En una visita a su sede en Segovia, se entiende mejor parte de ese trabajo. Levantar una empresa como Jamones Monte Nevado hizo falta la unión de dos grandes familias consagradas ambas a la misma actividad desde generaciones atrás: la elaboración de productos de cerdo. Los Llorente de Carbonero el Mayor y los Olmos de Bernuy de Porreros coincidían en algo, que no es otra cosa que la devoción y el conocimiento absoluto a su disciplina.

Jamón ibérico, serrano o mangalica húngaro, tienen sus perfiles, sus clientes y sus características. Las variedades trabajadas por Jamones Monte Nevado son un manual de tipos de jamón. Para saber disfrutar del jamón hay que saber disfrutar de ese producto. La tradición familiar se mezcla con los más avanzados procedimientos industriales para presentar al cliente un producto sano y seguro, de excelente sabor y de una calidad que da prestigio

Monte Nevado es una firma que hace de la excelencia y el cuidado por el producto su marca de fábrica y su firma personal, un equilibrio que le ha reportado numerosas certificaciones que avalan la calidad de un producto que nunca pasa de moda.

Este negocio familiar continuó en sucesivas generaciones aumentando su prestigio y su calidad con el paso de los años. Miguel Olmos Romano, hijo de Vicente, comenzó a trabajar con su padre a finales de los 40 y nada más cumplir la mayoría de edad, tuvo lo que casi podría calificarse como una revelación: instalar una cámara frigorífica que permitiría a la familia evolucionar, llevar su actividad agraria al paso siguiente. Miguel también ha pasado a la historia por ser uno de los grandes pioneros en el deshuesado del jamón curado, ya fuera con procedimientos rudimentarios u otros más avanzados.

Naturalmente, no solo la tecnología y el progreso económico hacen una empresa. El talento humano, siempre dentro de la familia, se fue sumando y con la llegada de Ireneo Llorente, su suegro, Jamones Ireneo Llorente agregó a su ya extensa cartera de virtudes el abrir – y conocer – el mercado.

La consecuencia, que podría parecer casi directa, fue la apertura a mediados de los 70 de una planta de secaderos artificiales de última generación, permitiendo colgar nada menos que 35.000 jamones a lo largo y ancho de su superficie. En esta época la familia creó la firma Monte Nevado, conocida ya entonces por una calidad muy por encima de la media en tiempos de productos magros e industriales de escasa curación.

En los 80 es cuando surge Jamones Segovia. Sello de Oro como marca destinada a la exportación. La producción no hace sino ampliarse y extenderse a lo largo de Europa. Su sello de calidad es ya sobradamente conocido. Juan Vicente, el hijo mayor, aportó nueva materia prima y logró que en la década siguiente la firma se internacionalizase para poder recuperar razas antiguas que, además de encontrarse en peligro de extinción (caso del cerdo Mangalica) impulsaría todavía más lejos el alcance de la marca.

Juan Vicente continuó la labor de su predecesor, abriendo nuevas plantas, constituyendo nuevas empresas mixtas y recopilando más y más premios para Monte Nevado, incorporando nuevos procedimientos incluso antes de que las leyes españolas los exigieran. En las posteriores décadas otros familiares como Miguel Olmos Llorente o José María de la Fuente Arranz y Alejandro Olmos Llorente, incorporaron cada uno sus propios talentos para establecer todavía más la actividad industrial de la firma, aportando nuevas ideas y ayudando a que Monte Nevado sea lo que es ahora.

Con el paso de las décadas y gracias a la labor de Miguel, Juan Vicente y el resto del equipo, la empresa ha ido sumando instalaciones punteras. La fábrica de Carbonero el Mayor I, la de El Rasillo (que llegó en 1997), y que en 2006 obtuvo autorización para exportar a EEUU; la segunda instalación de Carbonero el Mayor II, que se creó por la necesidad de aumentar la bodega natural...

La tercera instalación en Carbonero, desarrollada en el 2007, amplió aún más la capacidad de almacenaje y sumó nuevas operaciones como el deshuesado y empaquetado. Aún queda por citar la de Montejo, en Salamanca, muy cerca de Guijuelo, destinada a fabricar piezas de ibérico.

El resultado es su éxito arrollador no solo en España sino también en países como Alemania, donde realiza la mitad de sus ventas en el exterior, pero también América del Sur y EEUU, entre otros muchos países orientales y europeos.

Monte Nevado es una firma de prestigio exterior que sabe lo que representa a nivel de imagen y prestigio español, más allá de su propia pervivencia y éxito como marca.