Secretos pueblos, Valle del Almanzora

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Desde que las playas se convirtieron en las reinas del turismo de nuestro país, el interior de muchas provincias no ha recibido toda la atención que merece. En parte, esa ha sido también su suerte porque la autenticidad de estas regiones no se ha visto comprometida. Ha ocurrido en rutas como la del Valle del Almanzora, un perfecto edén para apasionados de rincones con mucha personalidad.

La A-334, la carretera que une Baza con Huércal-Overa, nos da una oportunidad perfecta para descubrirlo en un Alfa Romeo Stelvio. Para algunos es la carretera del mármol, el mismo que se ha utilizado desde hace siglos por todas las civilizaciones que se asentaron en la península. Recorrer este valle sin prisa es casi una obligación para los que se propongan disfrutar del viaje con los cinco sentidos. Entre huertas, almendros, llanuras y canteras aparecen pueblos dominados por el blanco de sus calles y fachadas, el mismo color que el de su prestigioso mármol, que ha dado a los pueblos del valle del Almanzora un carácter diferente. Dicen que son las gentes las que hacen el paisaje, y esta zona de la provincia almeriense es un buen ejemplo de ello. Conocer a sus vecinos es llevarse una impresión aún más positiva de este pequeño paraíso apartado del mundanal ruido.

Podemos comenzar por El Hijate, en el margen izquierdo del río Almanora, donde no solo tenemos que hacer una parada para conocer la torre de El Ramil o disfrutar del paisaje que forman sus almendros sino también para probar el estupendo jamón Tío Emilio y con suerte conocer a Emilio Salas, un apasionado de la gastronomía y por supuesto del buen jamón.

Precisamente aquí se encuentra uno de los secaderos de sus jamones, y otras chacinas como el lomo a la tabla, un producto tan maravilloso cono poco conocido. La receta de su madre se ha conviertido en una referencia gourmet.

Si comenzamos la ruta a medio día y queremos iniciarla ya con el estómago lleno, una buena opción para degustar la cocina del valle del Almanzora es el restaurante Los Marines, donde ponen sobre la mesa un buen arroz cortijero, pulpo a la brasa o gambas con alcachofas y jamón. La venta del Sevillano en Fines, tampoco se debe olvidar. Éxito garantizado!

Ya con el estómago contento solo hay que avanzar unos kilómetros para que aparezca a nuestro encuentro la monumental localidad de Serón, fundada por nazaríes en el siglo XIII y en la que podemos subir a su espectacular castillo, desde donde hay una maravillosa panorámica de la que forman parte las casas encaladas de Serón colgando de la ladera. Siguiendo la ruta, poco después alcanzaremos Tíjola, donde podemos aprovechar para acercarnos a su piscina natural conocida como Balsa de Cela, un edén de aguas termales que emergen de manera natural con un caudal constante de 42 litros por segundo y una temperatura que se mantiene en las distintas épocas del año entre 22 y 24 grados centígrados. Aquí los amantes de los buenos aceites tienen otra visita casi obligada: las instalaciones de Tijoliva, desde las que los olivareros del municipio y la comarca aprovechan los olivares del Alto Almanzora para elaborar algunos de los aceites más valorados del país.

El viaje no ha hecho más que comenzar por lo que aún quedan bastantes sorpresas. Por ejemplo, Olula del Río, uno de los lugares más conocidos de la comarca del mármol. De nuevo, el blanco reina en calles y fachadas recordando que la materia prima que da vida a la mayoría del valle es esencial en la vida de la comarca. Además de una bonita panorámica de postal, Olula del Río tiene rincones con encanto como los de las iglesias de San Sebastián y de Nuestra Señora de la Asunción, la primera construida en estilo neoclásico a finales del siglo XVIII la segunda, levantada por completo con mármol. También hay espacio aquí para la cultura visitando el Centro Pérez Siquier, dedicado a la obra del Premio Nacional de Fotografía 2003, Carlos Pérez Siquier o el Museo Casa Ibáñez, un auténtico regalo para los amantes del arte con mayúsculas ya que acoge una de las mayores colecciones de Arte Contemporáneo de Andalucía.

Ya estamos muy cerca de ese lugar tan extraodinario que resulta casi imposible evitar la sorpresa. Hablamos de Macael y del paisaje que ha ido formado la roca de este pueblo. Es aquí donde se encuentran las famosas canteras de mármol de las que se sacó material para lugares tan emblemáticos de nuestro país como la Alhambra, la mezquita de Córdoba, el monasterio de El Escorial o el Teatro de Mérida. Un lugar completamente excepcional que no ha pasado desapercibido para el cine. Directores como Ridley Scott, que rodó en este lugar secuencias de Exodus mostrando la majestuosidad de un paisaje imposible, aseguran haber quedado impresionados con este lugar, que es el centro de la actividad económica del valle.

Desde aquí, si tenemos tiempo, podemos abandonar por un momento la A-334 para seguir hacia el norte camino de Oria, una de las localidades más interesantes de la zona. No podemos dejar de conocer la Basílica de Nuestra Señora de las Mercedes, la ermita de San Gregorio o los restos del castillo de Oria. Ni tampoco dejar de conocer a Juan, a quien todos llaman el panadero de Oria, todo un personaje que elabora los mejores dulces de la zona. Tanto que podrían competir con los de cualquier establecimiento gourmet. (Foto del panadero más simpático de la zona… Un genio)

Un poco más al este se sitúa otro pueblo que merece una visita sin prisa y que encantará sobre todo a los aficionados a las rutas 4×4. Se trata de Taberno, un auténtico paraíso para soltar adrenalina conduciendo un 4×4 en el trayecto preparado con el que cuenta esta localidad. Un buen lugar para cerrar ruta después de algo más de 120 kilómetros conociendo la otra Almería. Si queremos en bicicleta, su vía verde es, posiblemente, la mejor de España… (De Taberno tenemos alguna foto. Además me han dicho que me envían alguna de la via Verde)

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