Vivir la nieve en el Pirineo de Lleida

Vale que el frío sea cómplice por definición de la trinidad sofá-manta-serie, pero aquí va una buena retahíla de argumentos para convertirlo en el aliado de una escapada inolvidable: escenarios de cuento, cocina de alta montaña, naturaleza en estado puro, aventura o el mejor turismo rural. ¿Necesitas algo más? El placer de aparcar nuestro coche y olvidarnos  de todo hasta que tengamos que volver…. Eso son vacaciones en blanco y Lleida es lugar perfecto para disfrutar de estos escenarios.

Por eso, aunque  el blanco chimenea no existe, habría que ponerlo como referente de un nuevo turismo rural. Chimenea, manta y a mirar por la ventana cómo cae la nieve. Aquí el blanco se acomoda como un manto natural sobre el paisaje y, si la nieve es sinónimo de cualquier invierno de película, estos seis destinos son la oportunidad perfecta para disfrutarla en todo su esplendor en el entorno privilegiado del Pirineo leridano.

 

 

Unha

Por esta minúscula aldea cerca de Salardú –otra visita obligada– el tiempo parece no haber pasado. Poco más de cien habitantes se ocupan de mantener este enclave idílico en pie. Su temperatura media al año no alcanza los diez grados, por lo que las heladas son habituales y dejan uno de los paisajes blancos más hermosos de la geografía catalana. Por si esto fuera poco, a su atractivo natural se suman la Iglesia de Santa Eulalia (s.XII), donde el gótico y el románico se unen en perfecta armonía, y el Co de Brastet (s.XVI), sede del Museo de la Nieve, interesante para descubrir con toda la familia. En esta tranquila localidad tampoco falta la buena cocina. La olla Aranesa es la especialidad de varios de sus restaurantes. Difícilmente encontraremos un marco mejor.

Bescaran

Hay pueblos que se marcan el mapa y luego se convierten en un lugar de referencia. Bescaran, en el Alto Urgell es uno de ellos. Da igual que sólo vivan una decenas de personas, porque el lugar tiene tanta personalidad que siempre vamos a encontrar una excusa para  sentarnos en las escaleras de su iglesia parroquial y dejar que los rayos de sol nos recuerde que estamos en invierno.

El pueblo está casi a 1400 metros de  altitud. Por encima de Estamariu con excelentes panorámicas de la Sierra de Cadi… Eso ya es suficiente. Dicen las crónicas que propiedad del Obispo de Urgel y por sus tierras se pelearon el Conde de Foix y los vizcondes de Castellbó, porque las montañas no eran excusa si había que pelearse con los vecinos. La visita al Monasterio de Bescaran, a la Cabaña del Moro y  a las numerosas Masías de la zona son otros elementos que justifican la visita a esta zona de Lleida que se agarra al corazón de la montaña.

 

Taüll

De los más de 5.000 habitantes de Vielha a los 300 de este hospitalario pueblecito en la Vall de  Boí. La riqueza de su patrimonio lo convierte en uno de los platos fuertes de la ruta por las iglesias románicas de la zona. Solo en él, se encuentran la de San Clemente, famosa por su Pantocrátor, y la de Santa María, ambas Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Además de por su valor arquitectónico, Taüll brilla por la belleza bucólica de su fisonomía.

Es la ubicación ideal para quienes deseen buscar entre sus calles de piedra, madera y pizarra la paz que niega el ajetreo diario, sin tener que renunciar a las actividades más concurridas de la zona, que podrán practicarse sin necesidad de alejarse demasiado. Además, se puede alegrar la jornada con ayuda de los extraordinarios productos de la tierra: embutidos, quesos, patés, setas... Todo lo que necesitas para que tu excursión salga a pedir de boca.

 

Tredòs

A 1348 metros de altura, el último pueblo del Alto Arán, a la derecha del río Garona, es una coqueta parada que todo buen viajero debe considerar. Las imponentes montañas que lo contornean, como el Montardo, el Barlonguerà, el Baciver o el Mauberme, ya son motivo suficiente para prendarse de este rincón desde el que, además, pueden descubrirse muchos de los lagos más hermosos de la zona, como el de Mar, los de Saboredo o los del Circo de Colomers. Paseando por sus calles, que reflejan la estética pirenaica, destacan algunos lugares de especial interés, como la Iglesia Santa María de Cap d’Aran (antiguo convento templario del siglo XII), la Capilla de la Virgen del Rosario o la Iglesia de Sant Esteve, ejemplos todos del monumental legado románico. ¡Imprescindible! No perder la oportunidad de relajarse en las aguas del balneario más alto de Europa: els Bahns de Tredòs.

 

Gausac

Entre Casau y Vielha, a escasos metros de esta última, Gausac, de apenas quinientos habitantes, resume bien el encanto de los pueblos de montaña de la región. No hay comercios, pero la proximidad de los municipios mayores evita cualquier inconveniente derivado de esta ausencia. En cambio, es uno de los mejores núcleos residenciales de la zona. Una expresa invitación al retiro, a perderse entre sus calles empinadas, donde pasado y presente conviven sin que nada desafine.

La entrada por el puente medieval es el comienzo de lo que será un bonito recuerdo, pero la protagonista de la estampa será la iglesia parroquial que encontraremos inmediatamente tras él. La construcción, del siglo XIII, cuenta con una torre fortificada de incorporación tardía (s. XV-XVI), considerada por muchos un preciado exponente de la arquitectura gótica aranesa. Gausac también es un fantástico punto de partida para pasear por los parajes que la bordean, como el bosque de Baricauba, o explorar pueblos vecinos como Aubert, Betlan o Casarihl, por ejemplo.

 

Arrés

Muy cerca de Francia, prácticamente en la frontera, a casi 1300 metros de altura, se ubica este municipio que acoge las poblaciones de Arrés de Jos (abajo) y Arrés de Sus (arriba). En total, apenas superan el medio centenar de habitantes, pero merece la pena acercarse a conocerlas. Sobre todo en invierno, cuando sus pocas casas se cubren de un espeso y fascinante color blanco. Ha sido uno de los escenarios de la Carrera Popular de BBT LairissaBike, que celebró su primera edición este verano arrancando en el cercano Vilamós. Se trata de una de las zonas más antiguas del Vall d’Arán, pero también de las más auténticas, y aunque pueda sorprender, no faltan los planes por hacer: desde visitar las iglesias de Sant Fabià y Sant Joan hasta preparar una fascinante excursión por la Bassad’Arrés y las Minas Victoria.