Seis casas para cruzar La Rioja sin prisa
Seis casas para cruzar La Rioja sin prisa:
Una ruta en KGM Torres en La Rioja para conocer el nuevo turismo rural
Una Rioja de aldeas, carreteras secundarias, chimeneas encendidas, vino servido sin ceremonia, pan de pueblo, bosques de Cameros y plazas donde todavía se oye el paso de la tarde y al alcalde tomando un cafecito con el párroco en el bar del Ayuntamiento. La excusa del viaje es hermosa: las seis nuevas incorporaciones de Ascarioja en su 30 aniversario, repartidas entre La Rioja Alta, el Camino, la Rioja suroriental y la Sierra de Cameros. La propia asociación ha presentado estas nuevas casas como parte de un momento de crecimiento, con proyectos en Quintanar de Rioja, Alesanco, Azofra, Poyales, Nieva de Cameros y Villoslada de Cameros.

La forma de recorrerlas importa. Podría hacerse deprisa, saltando de un alojamiento a otro como quien completa un inventario. Pero entonces se perdería lo esencial. Esta ruta pide carretera, luz cambiante y cierta predisposición a desviarse. Por eso el viaje lo hacemos en un KGM Torres, un SUV con esa mezcla de presencia robusta, maletero generoso y comodidad interior que encaja especialmente bien con un itinerario rural: equipaje de varios días, botas, chaquetas, compras gastronómicas, quizá una caja de vino, quizá aceite, quizá la tentación de volver con más de lo que uno salió. El Torres ofrece cinco plazas y un maletero que, según ficha técnica oficial, alcanza 839 litros con cinco plazas y 1.662 litros con los asientos abatidos; también declara una altura libre mínima de hasta 195 mm según versión, una cualidad interesante cuando el viaje abandona las grandes vías y se acerca a caminos, accesos rurales o pueblos de montaña.
La entrada ideal no es por Logroño, sino N-120 que une Burgo con Logroño. Hay algo literario en llegar a La Rioja desde Castilla, dejando atrás la amplitud castellana para ir entrando poco a poco en una tierra que cambia de tono sin anunciarlo. La carretera se va volviendo más íntima. El horizonte, menos severo. Las montañas aparecen como una frontera amable. Y de pronto, casi sin darse cuenta, el viajero empieza a comprender que La Rioja no es solo una región pequeña: es una concentración de mundos.
Entramos desde Burgos con esa sensación de quien abandona una meseta y se aproxima a un secreto. El KGM Torres avanza con aplomo, cómodo en carreteras donde el viaje no se mide por la velocidad, sino por la capacidad de sostener la mirada. En el asiento trasero queda sitio de sobra para abrigos, mochilas y mapas; en el maletero, la promesa de una ruta que no quiere viajar ligera. Se agradece esa sensación de coche amplio, de vehículo pensado para no discutir con el equipaje ni con los planes improvisados.
1.- Quintanar de Rioja.

La primera parada es Quintanar de Rioja, en el extremo occidental de la comunidad. Un lugar pequeño, casi recogido sobre sí mismo, donde el viaje parece bajar la voz. Aquí se encuentra Casa Rural El Hayedo de los Sueños, una de esas direcciones cuyo nombre ya predispone a llegar de otra manera. No se viene a Quintanar buscando ruido ni agenda. Se viene a entrar en una frecuencia antigua: la de los pueblos donde una puerta abierta todavía significa algo.
Dirección: Calle Real, 46, 26259 Quintanar de Rioja, La Rioja.
El Hayedo de los Sueños se presenta como una casa rural con encanto en un entorno natural privilegiado, pensada para grupos, reuniones familiares, retiros creativos o escapadas de desconexión. Su propia web habla de ocho habitaciones con baño privado, una de ellas adaptada para personas con movilidad reducida, salón comedor con chimenea, cocina equipada, jardín con porche, barbacoa, parque infantil y zona de bar.

Pero más allá de la ficha, la casa invita a una escena: el coche aparcado después de atravesar carreteras tranquilas, el silencio de la tarde, el sonido de una maleta sobre el suelo, la primera ventana abierta hacia el verde. Hay alojamientos que se enseñan por sus servicios y otros que se entienden por su atmósfera. El Hayedo de los Sueños pertenece a los segundos. Piedra, madera, amplitud, una cierta idea de refugio. Afuera, el paisaje se mueve entre bosques, campos y esa Rioja Alta menos monumental, más íntima, donde el turismo rural todavía conserva algo de descubrimiento.
La noche cae sin espectáculo. Y eso es precisamente lo hermoso. Una cena sencilla, pan, queso, embutido, quizá una botella abierta sin solemnidad. En la mesa aparece la primera certeza del viaje: estas casas no son estaciones de paso. Son una manera de devolverle tiempo al territorio.
2.- Alesanco: una casa señorial entre viñedos y sobremesas
No hace falta correr. La Rioja Alta es una sucesión de pueblos que parecen colocados para enseñar algo distinto: una espadaña, una bodega, una calle de piedra, una conversación en la puerta del bar, una viña al fondo. El coche se mueve bien en esa alternancia de comarcales, travesías urbanas y carreteras que atraviesan campos. La postura de conducción elevada ayuda a mirar el paisaje con amplitud, y eso, en un viaje así, no es un detalle menor: viajar por La Rioja es también mirar por encima de los setos, las viñas y las curvas suaves.
Llegamos a Alesanco, un pueblo situado en una encrucijada muy riojana: por aquí pasan o se encuentran el Camino de Santiago, la Ruta de los Monasterios y la Ruta del Vino. Turismo de La Rioja describe Alesanco como un municipio atravesado por esos itinerarios, lo que explica esa mezcla de lugar discreto y, al mismo tiempo, conectado con muchas capas de historia.
Allí espera Casa Rural Las Bengoas. Dirección: Calle San Luis, 22, 26324 Alesanco, La Rioja.
Las Bengoas tiene algo de casa con biografía. Su web la define como una casa señorial de 1912, antiguo hotel boutique, hoy renovada para ofrecer confort y privacidad. Cuenta con nueve habitaciones con baño, capacidad para grupos de 16 a 32 personas y amplias zonas comunes interiores y exteriores, pensadas para familias, niños, grupos y amantes del enoturismo.

La casa dialoga con los viñedos sin convertirse en decorado. Hay alojamientos rurales que tratan de parecer antiguos; Las Bengoas parece asumir su historia sin renunciar a una comodidad contemporánea. Esa es una de las claves del nuevo turismo rural riojano: no se trata de congelar los pueblos como si fueran museos, sino de hacerlos habitables para el viajero actual sin borrar su memoria.
A la hora de comer, la ruta se vuelve inevitablemente gastronómica. La Rioja Alta no se entiende sin vino, pero tampoco solo por el vino. Hay patatas a la riojana, chuletillas, pimientos, verduras, legumbre, queso, dulces de convento, pan de tahona. Y hay algo todavía más importante: la costumbre de comer con pausa. En estos pueblos, el paisaje también se sirve en plato hondo.
3.- Azofra: dormir en el Camino

De Alesanco a Azofra hay poca distancia, pero el viaje no se mide en kilómetros. Azofra es otra cosa. El Camino de Santiago la atraviesa y eso transforma la manera de estar en el pueblo. Turismo de La Rioja la define como población del Camino, vinculada a la comarca de Nájera y rodeada por una economía agraria donde aparecen la vid, la patata, la remolacha y la huerta.
En Azofra, el viajero en coche convive con el viajero a pie. Esa convivencia resulta casi moral. Uno llega cómodo, con maletero amplio, climatización, navegador y asientos confortables; otros llegan con ampollas, bastón y una mochila que contiene lo imprescindible. El KGM Torres, aparcado en el pueblo, parece recordar que cada época ha tenido su manera de viajar. El Camino, sin embargo, impone una humildad común: todos, de una forma u otra, estamos de paso.
La casa que nos espera se llama Casa Rural La Plaza. Dirección: Plaza de España, 7, 26323 Azofra, La Rioja. Ana es una gran anfitriona a pesar de sus mil ocupaciones. La presenta como una casa con seis habitaciones y 16 plazas, ideal tanto para peregrinos que buscan descanso como para quienes desean compartir una experiencia en un entorno rural. Además, señala la cercanía del Bar/Restaurante Sevilla, instalaciones deportivas, jardín botánico y bodegas locales.

La Plaza tiene un nombre exacto. No promete apartarse del mundo, sino situarse en su centro pequeño. Dormir en una plaza de pueblo es aceptar que el viaje tenga ventanas. Desde ellas se mira la vida cotidiana: vecinos que cruzan, peregrinos que preguntan, una bicicleta apoyada contra una pared, alguien que sale a comprar pan. Aquí la experiencia no consiste en aislarse, sino en pertenecer por unas horas a una escena compartida.
La tarde en Azofra pide un paseo corto. No hace falta buscar grandes monumentos. Basta con caminar despacio, observar las señales jacobeas, escuchar idiomas mezclados, sentir que el Camino no es solo una ruta religiosa o cultural, sino una corriente humana que mantiene vivos muchos lugares pequeños. En ese sentido, La Plaza no es únicamente alojamiento: es balcón a una tradición de paso.
4.- Poyales: Cambio de Luz.

El cuarto destino obliga a cambiar de paisaje. Dejamos atrás la Rioja Alta y su cadencia de viñedos, monasterios y Camino para dirigirnos hacia la Rioja suroriental, donde el territorio se vuelve más áspero, más mineral, más inesperado. El KGM Torres agradece estos trayectos largos y variados. No se trata solo del espacio interior, sino de esa sensación de coche capaz de enlazar comarcas diferentes sin convertir el viaje en cansancio. En una ruta rural, el coche no es un simple medio: es salón móvil, mirador, despensa, refugio en caso de lluvia y cómplice de desvíos. Poyales aparece como un susurro. Es uno de esos pueblos que parecen existir al margen del ruido general. Según Ascarioja, La Casa de la Hiedra se integra entre las nuevas incorporaciones de la asociación en Poyales, una localidad de apenas diez habitantes.
Aquí se encuentra La Casa de la Hiedra. Dirección: Calle de Arriba, s/n, 26586 Poyales, Enciso, La Rioja.
Los portales especializados la sitúan en Poyales, dentro del término de Enciso, y la describen como alojamiento rural de alquiler íntegro en plena naturaleza. Escapada Rural recoge la dirección en Calle de Arriba s/n, Poyales, Enciso.

La Casa de la Hiedra representa otra idea del turismo rural: la desconexión como lujo verdadero. No la desconexión impostada de quien apaga el móvil para contarlo después, sino la de quien descubre que no necesita demasiadas cosas. Una mesa, una casa completa, un entorno natural, una noche sin ruido. Frente a los alojamientos de gran capacidad orientados a grupos, aquí el relato se vuelve más introspectivo.
La gastronomía también cambia. En esta Rioja más oriental aparecen los sabores de tierra seca, la memoria pastoril, las verduras, los asados, las conservas, los platos que miran hacia la sierra y hacia el valle. Si la ruta coincide con una comida en Arnedillo, Enciso o algún pueblo cercano, conviene dejarse llevar por la cocina de temporada: legumbre, cordero, setas cuando toca, verduras de huerta, vino riojano sin necesidad de explicación.
5.- Nieva de Cameros. El Poder de la Pureza.

Desde Poyales, la ruta hacia Cameros tiene una cualidad casi cinematográfica. La Rioja se pliega, cambia de textura, asciende. El viaje deja la horizontalidad agrícola y entra en un territorio de curvas, barrancos, bosques, pueblos de piedra y memoria ganadera. En este tramo, el KGM Torres se siente especialmente adecuado: postura elevada, buena visibilidad, espacio para llevar ropa de montaña, botas, bastones, cámara, compra local y todo lo que exige un viaje que ya no es solo enoturismo, sino naturaleza.
El coche no debe invadir el relato, pero sí acompañarlo. Y aquí acompaña bien. Es un SUV de presencia robusta, pero no excesiva; cómodo para carretera, capaz de inspirar confianza en accesos rurales y tramos de montaña. Además, la marca destaca que el Torres HEV puede remolcar hasta 1.300 kg, y las versiones gasolina hasta 1.500 kg, una cualidad que encaja con un perfil de viajero activo, familiar o incluso ecuestre y de aventura.
La siguiente parada es Nieva de Cameros, en la cuenca del Iregua, comarca del Camero Nuevo. Turismo de La Rioja la sitúa a unos 41 kilómetros de Logroño por la N-111, en plena Sierra de Cameros, y destaca una economía tradicional vinculada a la ganadería y a pequeños huertos familiares.
Dirección operativa: Nieva de Cameros, 26124/26125 entorno Camero Nuevo, La Rioja.
Ascarioja la localiza en Nieva de Cameros y ofrece contacto directo para prerreserva; en su ficha no aparece una calle pública concreta. Esta parada pide caminar. El entorno de Nieva y Montemediano ofrece bosques de hayas y robles, pastizales y roquedos calizos; el ayuntamiento destaca la práctica de senderismo, escalada y BTT en sus alrededores.
Al caer la tarde, la casa se convierte en abrigo. Ese es el gran valor de los alojamientos de montaña: no compiten con el paisaje exterior, sino que ofrecen su reverso. Fuera, frío, bosque, piedra, cielo. Dentro, madera, conversación, una lámpara encendida, el olor de una cena sencilla. El viajero comprende que Cameros no se visita igual que la Rioja Alta. Aquí la belleza es más vertical, más contenida, más dura. Y quizá por eso deja una huella más lenta.
6.- Villoslada de Cameros: el final natural en El Achichuelo

La última etapa conduce a Villoslada de Cameros, puerta de la Sierra de Cebollera. El viaje encuentra aquí su desenlace natural. Si la ruta empezó en la frontera burgalesa, entre pueblos mínimos y horizontes abiertos, termina en un paisaje de montaña que parece guardar la respiración.
El Parque Natural de Sierra Cebollera ocupa 23.640 hectáreas e incluye los términos municipales de Villoslada de Cameros y Lumbreras, con aldeas como San Andrés y El Horcajo. Turismo de La Rioja lo define como un enclave geológico privilegiado del Sistema Ibérico, con formaciones glaciares en altitudes superiores a los 2.000 metros.

Villoslada no es solo un pueblo bonito. Es un punto de partida. Desde aquí se sale a caminar, a mirar hayedos, a seguir ríos, a buscar cascadas, a entender que La Rioja también es montaña profunda. En su casco aparecen casas de piedra, calles estrechas, el río Iregua, una arquitectura que no busca llamar la atención porque ya pertenece al paisaje.
La casa final es Posada El Achichuelo.
Dirección operativa: Villoslada de Cameros, 26125 La Rioja. La web propia de la posada indica esta localización y referencia el acceso desde Logroño por la LR-113; no publica una calle concreta en la información consultada.

El KGM Torres queda aparcado mientras la tarde se enfría. En el maletero ya viajan botellas, quizá aceite, pan comprado por el camino, folletos, chaquetas usadas, botas con barro. El coche ha cumplido su papel: no ser protagonista absoluto, sino herramienta perfecta para una ruta que exige amplitud, comodidad y libertad. En un viaje rural, la libertad no es ir rápido; es poder parar donde apetece.
Casa Rural El Hayedo de los Sueños Quintanar de RiojaCalle Real, 46, 26259 Quintanar de Rioja
Casa Rural Las BengoasAlesancoCalle San Luis, 22, 26324 Alesanco
Casa Rural La PlazaAzofraPlaza de España, 7, 26323 Azofra
La Casa de la HiedraPoyales, EncisoCalle de Arriba, s/n, 26586 Poyales
Casa GuadalupeNieva de CamerosAscarioja la localiza en Nieva de Cameros; no aparece calle pública concreta en la ficha consultada
Posada El AchichueloVilloslada de CamerosLa web la localiza en Villoslada de Cameros, 26125 La Rioja; no aparece calle pública concreta en la información consultada

