Viña Lanciano

Dicen que pasear es bueno para el corazón, y pasear por viñedos, también para nuestro conocimiento del vino. No importa si somos un veterano enólogo o simplemente un paladar sibarita, la elaboración del vino es un proceso apasionante que además nos pone en contacto con la naturaleza, con el suelo, el clima y la planta que echa sus raíces en nuestra tierra.

 

Es lo que pasa en Viña Lanciano, 72 hectáreas de naturaleza y cepas de primera categoría situadas en un antiguo lecho del río Ebro. Un lugar nacido y formado desde hace miles de años y que da algunos vinos de las Bodegas Lan un sabor propio y características únicas que han cimentado la fama de toda una empresa.

Desde una foto aérea, la imagen sorprende. Ubicada en la Sierra de Cantabria, Viña Lanciano es una de las fincas más espectaculares de toda La Rioja, justo en la frontera entre la Rioja Alta y la Alavesa. La niña bonita de las bodegas Lan posee prodigiosas vistas y un camino donde el verde, la piedra y la tierra se trenzan para crear una experiencia única para el caminante y el degustador de vinos. Un jardín natural con tierra muy generosa.

A vista de pájaro Viña Lanciano resulta inconfundible, con un meandro del Ebro rodeando la totalidad de los viñedos y adoptando una característica forma de "U" que protege la tierra de los vientos de la Sierra. El curso del río ha ayudado a crear un pequeño ecosistema propio perfecto para el cultivo, con unas características irrepetibles y donde el suelo, las cepas y la conducción se dan la mano para crear variedades únicas de vino. A ras de tierra, y a nivel de pura experiencia, el silencio y la tranquilidad de un entorno natural único y exuberante, lleno de secretos y misterios, se despliega ante nosotros haciendo que olvidemos de un plumazo las presiones de la ciudad.

Naturalmente, no todo es naturaleza en la finca, pues la mano del hombre se aprecia en detalles únicos. Atención al puente romano de Mantible, que según cuenta la leyenda sirvió de punto de paso de Carlomagno en su gesta por liberar a los 12 pares de Francia, y que sin duda le da ese carácter fascinante y añejo al recorrido. Pero la civilización se mantiene aquí en un lugar secundario: la naturaleza sigue su curso con toda su fuerza y simplicidad para generar diversas variedades de vino con una serie de características privilegiadas.

Pero si pasear por la finca es un placer, más lo es el vino que nace de sus tierras. En sus parcelas, hasta 24, se cultivan variedades distintas de Tempranillo, Mazuelo, Graciano y Garnacha. Como todo buen jardín, el cuidado es máximo. Mimos todo el año y una vendimia manual, es la base de todo.

A partir de aquí se vuelca toda la experiencia de Bodegas Lan, que lleva desde 1972 elaborando vinos que absorben las bondades de la tierra y el carácter de La Rioja respetando el medioambiente y la naturaleza.

Abrir una botella de Culmen, Lan a Mano o Viña Lanciano es la mejor manera de comprobar que aquí no se inventa el vino…. En la curva de Baco se abre la puerta a muchos ratos de placer.