ESCAPATE A SORIA: Un pueblo es un tesoro

Categories: Turismo rural1806 words9,8 min read

ESCAPATE A SORIA: Un pueblo es un tesoro


Soria es mucho más que frío y paisajes infinitos; es el secreto mejor guardado para quienes buscan una escapada con carácter. Desde fortalezas que vigilan el horizonte hasta callejones empedrados que parecen detenidos en el siglo XII, la provincia ofrece una ruta de paradas obligatorias para cualquier amante de la historia y la fotografía. Si creías que lo habías visto todo en turismo rural, prepárate: estos son los pueblos sorianos que te harán cuestionar por qué no los visitaste mucho antes.

Abejar: puerta romántica del pinar soriano

Llegar a Abejar en pareja es asomarse al umbral de la Soria de pinares, esa franja verde que abraza la Cuerda del Pozo y se prolonga hacia la Laguna Negra como un mar de copas oscuras. El pueblo se levanta sobre una ligera loma y, cuando cae la tarde, las chimeneas empiezan a humear y las farolas dibujan un halo dorado sobre la piedra, perfecto para un paseo sin prisas cogidos del brazo.

El casco urbano conserva el aire sobrio de la arquitectura serrana: casas de piedra, aleros de madera y escudos que recuerdan un pasado ligado a la trashumancia, a los carreteros y al comercio de la madera. No hace falta mucho más que dejarse perder por sus calles y escuchar el silencio, roto solo por alguna campana o por el murmullo del viento entre los pinos que rodean el núcleo.

Para convertir el fin de semana en un refugio romántico, una buena base es el Hotel La Barrosa, en C/ Eras de la Horca, 26, 42146 Abejar (Soria), que combina habitaciones acogedoras con un restaurante donde protagonizan las setas, los asados y los sabores de siempre.

Tras un día de caminata por el entorno del embalse de la Cuerda del Pozo, regresar al comedor del Hotel La Barrosa para compartir una cena a base de sopa castellana, cordero o torreznos se convierte en un acto casi litúrgico, la manera perfecta de poner punto final a una jornada de paisaje y frío serrano. A la salida, el pueblo se recoge en un silencio denso, ideal para mirar el cielo estrellado antes de volver a la habitación.

Abejar no presume de grandes monumentos como otras localidades sorianas, pero ofrece algo igual de valioso para un viaje en pareja: la sensación de estar en una puerta, en un umbral que conduce tanto a la Laguna Negra como a Vinuesa,

Molinos de Duero: casonas, chimeneas y Duero joven

es, probablemente, uno de los pueblos más románticos de la Soria de pinares. Asomado al Duero joven, rodeado de casonas de carreteros con enormes chimeneas troncocónicas y balconadas de madera, parece un decorado pensado para un fin de semana en pareja. Pasear al atardecer por sus calles empedradas, con el río al fondo y la sierra de Urbión en el horizonte, es entender por qué tantos viajeros lo consideran uno de los pueblos más bellos de la provincia.

En medio del casco histórico se alza la Real Posada de La Mesta, en 42156 Molinos de Duero (Soria), una casona del siglo XVIII vinculada a la histórica organización de carreteros que unían estas tierras con media España. Sus gruesos muros de piedra, sus salones con vigas vistas y su ambiente de antiguo palacio rural crean el marco perfecto para una escapada de invierno: chimenea encendida, copas de vino sobre la mesa y la sensación de estar alojados en una pequeña cápsula de historia.

El restaurante de la propia posada añade otro argumento: cocina tradicional de montaña, setas y trufa cuando la temporada manda, carnes a la brasa y postres caseros que invitan a alargar la sobremesa. Compartir un menú a la luz tenue de las lámparas, mientras fuera el frío aprieta, es una de esas experiencias sencillas que se quedan grabadas mucho tiempo.

Si apetecen planes más informales, el Bar-Restaurante La Serrería ofrece un ambiente relajado y buenas raciones junto al entorno del río, perfecto para una comida de mediodía antes o después de un paseo por la orilla del Duero. Luego toca perderse por las callejas que suben y bajan entre casonas, fijarse en los escudos, en los portales, en los detalles que cuentan la historia de un pueblo ligado a la madera y al transporte.

Molinos de Duero no vive solo de la nostalgia: su ubicación lo convierte en punto de partida ideal para escapadas a la Laguna Negra, al embalse de la Cuerda del Pozo o a los bosques del Urbión. Volver a la posada al caer la noche, cruzar el zaguán de piedra y cerrar la puerta del cuarto mientras afuera el pueblo se queda casi a oscuras, es una forma muy especial de entender el lujo: silencio, historia, paisaje y la persona adecuada al lado.

Almazán: artes románicos y Duero en la penumbra

es uno de esos lugares en los que el patrimonio y el paisaje se dan la mano con naturalidad. Su casco histórico amurallado, la presencia serena del Duero y la iglesia románica de San Miguel con su portada esculpida convierten cualquier paseo en una lección de arte al aire libre, ideal para compartir en pareja al ritmo de una tarde lenta.

Almazán, con su mezcla de arte románico, memoria medieval y vida tranquila de pueblo, ofrece un escenario perfecto para un fin de semana en el que la pareja se convierte en el centro de todo. Aquí no hay prisas ni grandes multitudes: solo plazas, iglesias, murallas y un río que lleva siglos pasando, como si el tiempo, por unas horas, decidiera caminar al mismo paso que quienes vienen a buscar un poco de belleza compartida.

Almazan

La experiencia puede comenzar atravesando una de las puertas de la muralla y subiendo hacia la Plaza Mayor, verdadero corazón urbano, donde la iglesia de San Miguel se alza como una joya románica del siglo XII. Su portada, con capiteles historiados y arquivoltas decoradas, invita a acercarse despacio, casi rozando la piedra, como quien lee un libro antiguo. Descubrir juntos los detalles de las esculturas, comentar las figuras, es una forma íntima de entrar en la historia del pueblo.

Para dormir, una opción muy cómoda es el Hotel Villa de Almazán, en Avenida de Soria, 29, 42200 Almazán (Soria), un cuatro estrellas que combina habitaciones amplias con servicios pensados para escapadas y eventos. Otra alternativa con fuerte personalidad gastronómica es el Hotel Restaurante Antonio, en Avenida de Soria, 13, 42200 Almazán (Soria), un clásico de la cocina castellana que lleva sirviendo mesas desde 1941.

Ágreda: villa de las tres culturas frente al Moncayo

mira al Moncayo como quien mira a un viejo dios del paisaje. El gran macizo se levanta al este, cubierto de nieves en invierno y de verdes intensos en primavera, y desde las murallas y miradores del pueblo la vista hacia la montaña se convierte en una de las escenas más románticas de la provincia. No es casualidad que se conozca a Ágreda como “la villa de las tres culturas”: aquí convivieron durante siglos cristianos, judíos y musulmanes, y ese cruce de caminos dejó huellas en la arquitectura, en los barrios y en la memoria colectiva.

Un recorrido en pareja puede empezar por las cercanías de la iglesia de San Miguel, seguir hacia la zona de las murallas y los restos de la judería y bajar después a los jardines y huertas históricas que riegan las aguas derivadas del Queiles. Pasear entre muros, portales, torres y restos defensivos, con el Moncayo siempre al fondo, es una manera de viajar al pasado sin dejar de estar muy presentes en el momento.

Para alojarse, una opción con encanto en el entorno es El Encanto del Moncayo, en Calle Mayor, 3, 42107 Vozmediano (Ágreda, Soria), a unos kilómetros del casco urbano agredeño. Se trata de un hospedaje con aire de casa rural, ideal para quienes quieren combinar la visita monumental con excursiones a las faldas del Moncayo, a los hayedos y a los miradores naturales de la zona. Despertar allí, desayunar sin prisas y acercarse luego a Ágreda es un plan perfecto para un fin de semana.

A la hora de comer o cenar, el Restaurante Hostal Doña Juana se convierte en una referencia sólida dentro del pueblo, con cocina tradicional castellana y productos de la zona. Compartir una comida contemplando el ritmo pausado de la villa, entre recuerdos de antiguas cofradías, procesiones y fiestas, ayuda a entender la manera en que el tiempo discurre aquí: más lento, más denso, con capas de historia superpuestas.

El Burgo de Osma: termas, claustros y piedra gótica

Para muchos, es el pueblo más monumental de Soria, y no les falta razón. Su catedral gótica, el trazado del casco histórico, la antigua Universidad de Santa Catalina y las murallas que abrazan la villa crean un conjunto perfecto para un fin de semana que combine arte, bienestar y paseos románticos.

El corazón de la escapada puede estar en el Castilla Termal Burgo de Osma, en Calle Universidad, 5, 42300 El Burgo de Osma (Soria). El hotel ocupa la antigua Universidad de Santa Catalina, un edificio renacentista del siglo XVI articulado en torno a un espectacular claustro. Alojarse allí significa despertar bajo galerías de piedra, cruzar el patio interior para ir a desayunar y reservar un rato para el circuito termal, donde las aguas y las luces suaves convierten el tiempo en algo casi líquido.

Antes o después del spa, el casco histórico espera a pocos minutos a pie: la Plaza Mayor porticada, la calle Mayor, los restos de murallas, la catedral con su torre que se recorta sobre el cielo soriano. Entrar en el templo, contemplar sus naves góticas y detenerse ante las capillas laterales es una experiencia que se presta a ser compartida en susurros, como quien entra en la intimidad de otro tiempo.

Al caer la noche, caminar de vuelta al hotel por la calle Mayor, con las luces doradas reflejándose en los soportales y la torre de la catedral vigilando desde el fondo, tiene algo de escena de película romántica. Cruzar de nuevo el claustro, ahora casi en silencio, y subir a la habitación sabiendo que todavía queda otro día de paseos, termas y piedra antigua convierte el fin de semana en una pequeña historia en sí misma, escrita a cuatro manos sobre el papel de una villa que lleva siglos dedicada a acoger viajeros.

 

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