TRES JOYAS ROMANAS QUE DEBES CONOCER en Castilla y León

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Dicen que el saber no ocupa lugar, pero justifica  el viaje. ¡Muy cierto!  Algunas joyas de la cultura romana en nuestro país con la razón para una escapada diferente y cargada de interés. 

 

Clunia Sulpicia: la joya de Burgos

Clunia Sulpicia, situada en el actual municipio de Peñalba de Castro, Burgos,  fue una de las ciudades más importantes del norte de Hispania durante el Imperio Romano. Este enclave arqueológico destaca no solo por su relevancia histórica, sino también por su monumentalidad y el estado de conservación de sus restos.

Antes de la llegada de los romanos, Clunia era un asentamiento celtíbero habitado por los arévacos, una tribu prerromana. Durante las Guerras Sertorianas (siglo I a.C.), este enclave fue destruido por Pompeyo en el año 72 a.C. Posteriormente, en época del emperador Tiberio (14-37 d.C.), se fundó ex novo como una ciudad romana plenamente integrada en la provincia Hispania Citerior Tarraconensis. En este período, Clunia alcanzó el estatus de municipium, lo que le permitió acuñar monedas y desarrollar una administración local al estilo romano.

Clunia desempeñó un papel crucial en la historia del Imperio Romano. En el año 68 d.C., Servio Sulpicio Galba, gobernador de la provincia Tarraconense, se refugió en esta ciudad durante su rebelión contra Nerón. Desde Clunia, Galba reorganizó sus fuerzas y se autoproclamó emperador tras la muerte de Nerón, marcando un hito histórico que consolidó a Clunia como un centro político relevante. Este hecho le otorgó el epíteto de Sulpicia en honor a Galba.

Durante los siglos I y II d.C., Clunia vivió su máximo apogeo. Con una extensión aproximada de 120 hectáreas y una población estimada de hasta 30,000 habitantes, fue una de las ciudades más grandes y prósperas de Hispania. Su ubicación estratégica sobre el Alto del Castro, dominando el valle del Duero y las rutas comerciales hacia Tarraco (Tarragona) y Asturica Augusta (Astorga), facilitó su crecimiento económico basado en la agricultura y la ganadería.

Su yacimiento  ayuda a entender mejor como era la vida en esta ciudad. Entre sus edificaciones destaca  el Foro, como Centro administrativo y religioso, el  Teatro Romano,  excavado en la roca con capacidad para 10,000 espectadores, uno de los más grandes de Hispania, las Termas  Complejos como Los Arcos reflejan el lujo y la sofisticación romana y el Domus con mosaicos: Como la Casa Taracena, que conserva pavimentos decorados.

Las ruinas de Clunia han sido objeto de investigaciones desde el siglo XVIII. Las excavaciones sistemáticas comenzaron en 1915 y han continuado hasta la actualidad. Entre los hallazgos destacan esculturas como una efigie de Isis y un torso de Dioniso, además de monedas, cerámicas (terra sigillata), vidrios y objetos metálicos que reflejan la riqueza cultural del lugar. Por suerte, visitar Clunia no solo permite admirar sus vestigios arquitectónicos sino también disfrutar del espectacular paisaje que rodea este histórico asentamiento.

 

El Acueducto de Segovia: obra maestra de la ingeniería romana

El Acueducto de Segovia es uno de los monumentos más emblemáticos y mejor conservados de la ingeniería romana en España. Situado en la ciudad de Segovia, esta imponente estructura ha sido un símbolo de la ciudad desde su construcción en el siglo II d.C. y continúa siendo un testimonio del ingenio y la perfección técnica de los romanos. Un auténtico referente que justifica una escapada urbana. 

Aunque no se conoce con exactitud la fecha de su construcción, los expertos la sitúan entre finales del gobierno de Trajano (98-117 d.C.) y el inicio del mandato de Adriano (117-138 d.C.). Fue diseñado para transportar agua desde el manantial de Fuentefría, situado a unos 17 km al norte, hasta Segovia, asegurando el abastecimiento para una ciudad que prosperaba bajo el dominio romano.

El acueducto está construido con 20,400 sillares de granito extraídos de la Sierra del Guadarrama, ensamblados sin utilizar mortero ni argamasa. Este método se basa en un ingenioso equilibrio de fuerzas que ha permitido que la estructura permanezca intacta durante casi dos milenios.

El tramo más conocido del acueducto, situado en la Plaza del Azoguejo, alcanza una altura máxima de 28,10 metros y está compuesto por 167 arcos distribuidos en dos niveles. La arquería inferior consta de 119 arcos de medio punto, mientras que la superior tiene 44 arcos más pequeños. Los pilares que sostienen los arcos tienen hasta tres metros de espesor en su base, lo que garantiza su estabilidad.

La longitud total del acueducto es impresionante: 16 kilómetros desde el azud (presa) hasta su tramo monumental en el centro urbano. Su canal conductor tiene una sección en forma de U y dimensiones aproximadas de 25 x 30 cm, con capacidad para transportar entre 20 y 30 litros por segundo.

Lo más asombroso es lo que no se ve. El acueducto cumplió con su función original hasta el año 1973, cuando dejó de transportar agua a la ciudad. A lo largo de los siglos, apenas ha sufrido modificaciones significativas, lo que refleja su durabilidad extraordinaria. En el pasado, se realizaron tareas regulares para mantenerlo operativo; por ejemplo, hasta los años 70 una persona revisaba diariamente su estado.

Su diseño no solo destaca por su funcionalidad sino también por su armonía estética. Los romanos lograron integrar utilidad y belleza en esta obra.  Los datos son asombrosos. La pendiente del canal varía entre un mínimo del 0.3% y un máximo del 5.53%, asegurando un flujo constante del agua. En documentos históricos como las Cantigas de Alfonso X El Sabio (1280), ya se menciona al acueducto como un símbolo distintivo de Segovia.

Esta obra maestra sigue siendo uno de los principales atractivos turísticos de España y un símbolo perdurable del legado romano en la península ibérica.

 

La Villa Romana de La Olmeda: un tesoro del mundo romano

La Villa Romana de La Olmeda, ubicada en Pedrosa de la Vega, Palencia, es uno de los yacimientos arqueológicos más destacados del mundo romano hispánico. Descubierta en 1968 y declarada Bien de Interés Cultural en 1996, esta villa del Bajo Imperio Romano ofrece una visión única de la vida aristocrática rural entre los siglos IV y VI d.C.

Como en otras ocasiones, el yacimiento fue hallado accidentalmente por Javier Cortes mientras realizaba labores agrícolas. Al descubrir restos de mosaicos y estructuras, se inició una investigación arqueológica que reveló una villa palaciega con aires de lujo. Cortes financió las primeras excavaciones y, en 1980, donó el sitio a la Diputación de Palencia, que ha continuado su conservación y musealización.

La villa se construyó inicialmente en el siglo I como una explotación agrícola, pero alcanzó su máximo esplendor en el siglo IV, cuando fue transformada en una residencia aristocrática bajo el gobierno de Constantino I y Teodosio I el Grande. Finalmente, fue abandonada en el siglo VI.

La villa ocupa una superficie de 4.400 m² y está organizada alrededor de un patio central con un peristilo. Su estructura incluye una residencia principal, decorada con mosaicos polícromos que cubren 1.450 m²; baños termales, equipados con un sistema de calefacción subterráneo (hipocausto). A esto hay que unir las torres que son dos cuadradas al norte y dos octogonales al sur que flanquean la monumental fachada principal.

El diseño refleja no solo la funcionalidad agrícola, sino también el lujo y la sofisticación cultural de sus propietarios, posiblemente vinculados a la élite romana. Sus  mosaicos son uno de los mayores atractivos del yacimiento, considerados entre los más importantes del mundo romano.  Sus motivos geométricos y vegetales, decoran diversas habitaciones. A esto unimos  las escenas figurativas, que destacan las representaciones mitológicas como el descubrimiento de Aquiles o escenas de cacería con animales exóticos como leones y antílopes.

La Olmeda no solo es un testimonio excepcional del arte romano, sino también una fuente clave para entender la vida rural aristocrática durante el Bajo Imperio. Su inclusión en reportajes internacionales, como los publicados por National Geographic, subraya su relevancia como patrimonio arqueológico mundial.

Desde su descubrimiento, se han realizado importantes esfuerzos para proteger y exhibir los restos arqueológicos. La villa está cubierta por una estructura moderna que permite apreciar los mosaicos in situ mientras se protege el sitio de deterioros ambientales. Además, cuenta con un museo monográfico que complementa la visita con información detallada sobre la historia del lugar.

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