MIGUELAÑEZ: EL PODER DE UNA SONRISA
MIGUELAÑEZ: EL PODER DE UNA SONRISA
Hay empresas que siempre arrancan una sonrisa. No está demostrada la causa, pero sus productos nos hacen la vida un poco más fácil. Dulces Miguelánez es una de ellas. No sé si será por el sabor, la textura o esa magía que tiene las “chuches” de calidad para rejuvenecernos, pero el efecto es inmediato. Coger un osito de la bolsita de nuestro hijo o disfrutar de caramelo blando de limón cuando nos pasan la factura tiene un valor añadido.

Evidentemente, todo tiene un principio. Migueláñez fue fundada en 1983 por Onésimo Migueláñez. En sus comienzos era una empresa distribuidora de artículos de confitería para Madrid y alrededores. Sin embargo, pronto comenzó a expandirse por todo el territorio nacional debido a la calidad del servicio que prestaba y la amplia variedad de productos con los que contaba.
La personalidad de Onésimo dice mucho de su empresa. “Nací el 13 de mayo de 1944 en la localidad segoviana Lastras del Pozo. Con tan sólo 5 años ya acompañaba a mi padre a una granja cercana al pueblo para cuidar de las gallinas, echándoles de comer y encendiéndoles un candil durante las frías noches de invierno para que pudieran comer y poner más huevos.”
Esa presentación dice mucho de este segoviano de raza. Marugan, Muñopedro, Zarzuela o Villacastín eran sus territorios comerciales. Con su llegada a Madrid, un nuevo mundo se abría para nuestro personaje.
“En pocos días encontré trabajo en una fábrica de caramelos que necesitaba vendedores. Tras quince días aprendiendo de vendedores veteranos, me dieron un coche y unas muestras de caramelos para que buscara nuevos clientes. Los comienzos no fueron fáciles, al principio apenas sabía conducir y mucho menos dónde se encontraban los pueblos a los que tenía que ir. Sin embargo, poco a poco fui aprendiendo el oficio y durante los cinco años que pasé en esta fábrica, aprendí todo lo que un buen vendedor debe saber, así como los valores que deben definirle: seriedad, esfuerzo y trabajo, mucho trabajo. “

Con cien mil pesetas prestadas por sus padres, se montó su propia empresa de distribución de caramelos dulces. Aquellos años 60 eran tiempos de mostrador, bascula, trastienda y furgoneta 2 CV repartiendo sin horarios. Expansión, crisis, problemas y casi medio siglo de aventuras para crear su gran reclamo: “Gente Dulce”.
Bajo el lema “Gente Dulce”, está presente en miles de puntos de venta a nivel nacional y Portugal, sirviendo a las mejores empresas de alimentación, áreas de servicio, hospitales y aeropuertos, siendo la primera marca de distribución en el sector de capital íntegramente español. Incluso, ha integrado la marca Gominola dentro de su plataforma empresarial.

Su gama de productos es muy generosa. Caramelos duros, blandos o líquidos son el contrapeso a las bolsas de espumas, frutos secos o geles. Por supuesto que el calendario también marca la productividad. Halloween, Nochevieja o San Valentin siempre son momentos especiales. La vida siempre merece un pequeño detalle.
En estos momentos Migueláñez cuenta con seis marcas propias para diferentes líneas de producto y segmentos de consumo, con un claro compromiso con el consumidor final, incluso pensando en la intolerancia.

