SENDERISMO DE OTOÑO EN CODIGO DE SORIA

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SENDERISMO DE OTOÑO EN CODIGO DE SORIA


En Soria, el otoño tarda, pero llega. Llega siempre y  los bosques ofrecen su mejor cara.  Aquí importa poco que sea la provincia con menor densidad de población de España, se convierte en un auténtico paraíso cromático cada otoño.

El otoño en Soria, aunque hermoso, requiere una preparación adecuada. Las  temperaturas pueden variar drásticamente. Mañanas frías y mediodías templados, con la posibilidad de nieblas densas y precipitaciones.  Si va a recolectar setas, asegúrese de tener la licencia necesaria y, sobre todo, de conocer bien las especies. Ante la duda, no la consuma. Soria le espera con los brazos abiertos y un despliegue de colores inigualable. Solo necesita unas buenas botas y la cámara lista para capturar la magia del bosque.

Sus bosques, ofrecen un espectáculo de ocres, dorados y rojos que no tiene parangón en la península. Es el destino ideal para el senderista que busca la soledad, el silencio y la belleza pura de la naturaleza. Cada pueblo aquí muestra su mejor tarjeta de visita. Salirnos de los tópicos y buscar escenarios diferentes nos va a dar más de una alegría.

1. La carretera que quiere ser senda.

Retortillo parace un parece un pueblo sin acabar. Es tierra apartada, poco conocida y perfecta para una escapada sin prisas.  Los caminos que llevan  hacia Castro, Valvenedizo o Peralejo es  casi un sendero asfaltado donde las rocas y robles  pelean por tener más protagonismo en la foto. Es una ruta moderada, ideal para observar el paisaje de transición entre la Sierra de Pela y la llanura.  SO-P 4124 parece un código secreto. También podemos hacer una breve excursión hasta la ermita de San Miguel, que sólo son tres kilómetros.

El Hotel La Muralla es un referente en la zona y la mejor manera de obtener información sobre caminatas por la zona. C. la Fuente, 46, 42315 Retortillo de Soria, Soria. Teléfono: 699 86 79 33. Después de la caminata, disfrutar de la cocina tradicional castellana, como unas buenas migas o un asado, es la recompensa perfecta, incluso para los que lo han hecho en coche.

2. El Pinar de Ambas Aguas y la Sierra de Urbión.

Los pinos no pierden la hoja en invierno, pero  saber que vamos a  los pinares de Vinuesa en otoño es buen reclamo. Si además unimos  buenas manchas de abedules y acebos. Tenemos una excursión perfecta.

La zona que rodea el Pantano de la Cuerda del Pozo, cerca de Vinuesa, es espectacular. Aunque dominan los pinares, la orilla del pantano y las zonas húmedas se salpican de abedules que se vuelven amarillo intenso. Es una zona de gran belleza escénica con el reflejo de los colores en el agua. Los amantes a la fotografía  saben que es un escenario perfecto.

La ruta hasta la Laguna Negra de Urbión es icónica. En otoño, la subida desde Vinuesa ofrece vistas espectaculares del pinar y las faldas de la sierra teñidas de colores. La propia Laguna, rodeada de oscuros pinos y cortados rocosos, adquiere un aire místico.

Es imprescindible probar las setas (micología) de la zona, especialmente los níscalos, y disfrutar de un buen plato de caza.   Aquí fallar  a la hora de comer sería un delito.

3. El Bosque del Acebal de Garagüeta.

Aunque los acebos mantienen su verde intenso, el bosque mixto que lo rodea (con robles y abedules) ofrece el color otoñal. Además, en esta época, el acebo comienza a mostrar sus característicos frutos rojos, que contrastan poderosamente con las bayas y el color del sotobosque.  El Acebal de Garagüeta con sus 406,4 Has. está situado al norte de la provincia de Soria, en pleno Sistema Ibérico Norte, dentro del término municipal de Arévalo de la Sierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se encuentra en la Sierra de Montes Claros, con orientación suroeste, ubicada entre los puertos de Piqueras y de Oncala, donde también se puedan encontrar otras masas de acebo de gran importancia por su pureza y extensión como las dehesas de Ventosa y Oncala. Comer en la Posada de Los cuatro Vientos es casi una obligación al mediodía.

4. El Montes de Navaleno.

Es la capital soriana de la micología. Aunque domina el pino, el verdadero espectáculo de color y actividad está en el suelo del bosque: el tapiz de hojas caídas y el florecimiento de una inmensa variedad de setas (níscalos, boletus, senderuelas). El olor a pino, tierra mojada y humedad es la esencia del otoño soriano.

Cualquier sendero dentro del MUP es ideal. Se pueden hacer rutas circulares cortas o largas. Un paseo hasta el «Pino de la Casa» o por la «Ruta de los Miradores» es una inmersión completa en el bosque.

Si nos lo podemos permitir, un almuerzo en La Lobita es obligado. Es un referente mundial para los amantes de las setas. Es obligatorio probar cualquier plato elaborado con setas de temporada.  Otros restaurantes como La Tablada y El Maño son también una buena opción.

5. La Sierra del Moncayo y el Hayedo de la Dehesa.

El Moncayo, la montaña mágica de Soria, ofrece una increíble transición de ecosistemas. La zona de la Dehesa, cerca de la cara soriana, alberga pequeños pero densos hayedos de montaña que se incendian en un rojo intenso en noviembre. Es una zona más fría y alpina, lo que intensifica los colores.

La subida clásica al Moncayo permite apreciar los diferentes pisos de vegetación. Una ruta más específica para el otoño es la que recorre la falda de la montaña, entrando en los pequeños barrancos donde se refugian las hayas. No debemos confiarnos y  puede ser una ruta muy exigente… Buen equipo y mejores piernas.

La opción cultureta no es nada despreciable. Ágreda, la «Villa de las Tres Culturas», tiene un impresionante patrimonio histórico y monumental. Su gastronomía es rica, con influencias aragonesas, destacando las verduras de la huerta y sus postres tradicionales.

6. La Ribera del Río Duero y el Bosque de Boos

Mientras que las sierras se visten de robles y pinos, la orilla del río Duero, cerca del pequeño pueblo de Boos, ofrece un espectáculo diferente: el amarillo dorado brillante de los chopos y álamos. La luz de la tarde reflejándose en el río y en las hojas amarillas crea una atmósfera de ensueño.

Algún tramo del GR 14 o una caminata hasta  Bayubas de Arriba o Abajo son buenas opciones.  Caminar por la carretera   por la la senda de Celtigravel son buenas opciones. Para conocer un pueblo que enamora. Es un paseo tranquilo y horizontal, ideal para una jornada de fotografía y relajación. La opción de bicicleta también puede ser perfecta…

Aunque Boos es muy pequeño, la cercanía a la zona de producción de vinos de la Ribera del Duero soriana permite una visita a alguna bodega o disfrutar de la lechazo asado en los pueblos cercanos

8. Sabinar de Calatañazor. 

Calatañazor puede presumir de uno de los bosques de sabinas mejor conservados del planeta. Desarrollado sobre terreno llano, de carácter calcáreo y a 1.000 metros de altitud, algunos de los ejemplares de esta masa arbórea monoespecífica alcanzan un porte y una edad notables: 14 metros de altura, más de cinco metros de diámetro y cerca de dos mil años de existencia. Una maravilla  muy poco conocida porque  la primera visita siempre se hace al pueblo donde parece ser que Almanzor perdió el tambor.

¿Esta claro? En las inmediaciones del sabinar aparece la medieval y sugestiva silueta de Calatañazor: uno de los pueblos más bellos y evocadores de toda la región. Rodeado de un impresionante precipicio y presidido por el imponente perfil de su castillo, Calatañazor presenta unas estrechas y empedradas calles a las que se abren casas porticadas construidas con adobes y gruesas vigas de enebro.  Si podemos evitar los fines de semana… Mejor!

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