EL OTOÑO ARISTOCRÁTICO EN EL SUR DE MADRID

El otoño en la vega del Tajo tiene algo mágico. El nuevo C3 Citroen se integra perfectamente en ese ambiente aristocrático de Aranjuez o a los campos de olivos de Villaconejos.  La vida en el sur tiene otro ritmo… Bien merece la pena conocerlo.

 

Nos esperan sugerentes rutas alrededor del Tajo. Una opción perfecta para alejarnos de la gran ciudad: patrimonio histórico, paisajes sugestivos, ajos, fresas y buen vino.

                                             

Empezamos por el Real Sitio de Aranjuez. Esta ciudad, lugar de veraneo de la realeza está en el extremo sur de la Comunidad de Madrid y entre los ríos Tajo y Jarama.

                                                    

En Aranjuez, la oferta cultural es enorme, empezando por el Palacio Real, el Jardín de la Isla, la Casa del Labrador, el Jardín del Príncipe o el curioso Museo de Falúas. Pero os aconsejamos no dejar de visitar sus huertas históricas para disfrutar de paseos arbolados que conservan el mismo diseño que hace cinco siglos. Son doce paseos que os llevarán a las Huertas de Picotajo, Legamarejo y El Rebollo

El centro de Aranjuez, Casa Pablo, por tradicional, y Casa José, por moderno, son excelentes opciones gastronómicas.

A las afueras de Aranjuez encontraréis el Mar de Ontigola, una laguna artificial construida en el siglo XV diseñada por Juan Herrera para abastecer de agua a los reales jardines. Una curiosidad: su agua es salada y en 1994 se declaró Reserva Natural.

Abandonamos las tierras de Aranjuez y ponemos rumbo a Colmenar de Oreja. Una ciudad que también tiene sus paradas imprescindibles: su Plaza Mayor y el Museo Ulpiano Checa, ubicado en la antigua Casa de los Siete Patios.

                                             

Obligatorio: comer sus patatas chulas (confitadas en aceite con ajo, perejil y vinagre), unas pozas (bocadillos de pan candeal rellenos de cebolla, tomate y escabeche), su pisto vaquero, los desarreglos de ternera o el cabrito asado.

Un buen queso y un buen vino de postre y estamos listos para continuar nuestro camino a Chinchón. Este pueblecito, que se encuentra a tan sólo 45 km de la capital, ofrece: buena comida, tiendas de artesanía y un pasado fascinante, lleno de historias y anécdotas. 

El pueblo de Chinchón, asomado a sus balcones, ha observado cientos de eventos: desde corridas de toros, corral de comedias y alguna que otra ejecución. Curiosidad: estos balcones reciben el nombre de "claros"  porque no pertenecen al propietario de la casa, sino que son como un bien de uso público, por lo que existe una servidumbre de paso para acceder a ellos”. Semana Santa es el escenario de la famosa representación de la Pasión y en agosto, con todo el calor de plomo, se celebran corridas de toros de gran fama.

                                     

Otro lugar de interés es la Iglesia de la Asunción, restaurada después que en 1808 fue incendiada y saqueada por los franceses. En el interior podemos disfrutar de un retablo con un cuadro de Goya, que representa la Ascensión de la Virgen. Goya fue un asiduo visitante de Chinchón, ya que su hermano, Camilo, era capellán de esta iglesia.

Podríamos afirmar que es un pueblo de  cine; porque aquí  ha estado desde Orson Welles hasta David Niven, pasando por Pedro Almodóvar o Cantinflas.  Las fotos de todos estos artistas y de otros muchos decoran con nostalgia el “Mesón Cuevas del Vino” que sigue ocupando una antigua “casa de labor” donde se elaboraban vino y aceite. Aquí, Orson Wells comía durante el rodaje de “Campanadas a medianoche”, cuentan que tenía debilidad por las judías y el churrasco a la parrilla. Lo mismo hacía Yul Brynner cuando rodaba “Los siete magníficos”.

Pero si hay un lugar en Chinchón de visita obligatoria es el Parador, los que no van a comer aprovechan para tomar un café o para merendar antes de emprender el regreso a casa o seguir ruta. Es uno de esos paradores que encanta por su emplazamiento, puesto que ocupa un antiguo convento agustino del siglo XVII, prácticamente en ruinas tras la guerra de la Independencia, pero que en los años setenta fue recuperado según su aspecto original de estilo barroco con influencias renacentista.

La vega del Tajo es un camino natural. Belmonte de Tajo presume de Castillo,  Villaconejos de los mejores melones del mundo  y Villamanrique de Tajo   de esa discreta  vida cotidiana  que tienen los pueblos casi olvidados. Y en Villarejo de Salvanés, su castillo, los paseos al y la exquisita miel que se hace por la zona son un pretexto más que atractivo para quedarse a descansar.

Como curiosidad en Villarejo está el único Museo del Cine profesional y tecnológico de toda España.

Y ya para terminar este paseo por el sur de Madrid y su querido Tajo: Fuentidueña de Tajo. Desde lo alto de las ruinas de su castillo se ve una de las mejores panorámicas de la vega del río Tajo. La villa está llena de casas blasonadas que recuerdan su pasado noble y glorioso. El símbolo del pueblo lo encontraréis en el arco bajo el cual pasa la calle Mayor y es su Torre del Reloj. También es digna de verse la Iglesia barroca de San Andrés Apostol, y el puente de hierro del siglo XIX.

                  

Y a tener en cuenta: las tradicionales casas-cueva son una buena alternativa de alojamiento para el que quiera pernoctar.

Y atención: si vais el segundo sábado de septiembre podréis disfrutar de la tradicional Embarcación de la Virgen de Alarilla. Miles de personas acuden para ver a eso de las diez de la noche una barcaza iluminada con luces de colores que asemeja un castillo y que navega por el Tajo rodeada de cientos de nadadores entusiasmados.